jueves, 4 de agosto de 2011

Gustavo Arango regresa al origen

Presentación en la Librería Ábaco, el viernes 5 de agosto a las 6 pm.
Universidad de San Buenaventura, Martes 9 de agosto, a las 3 pm.

Aquí un perfil de Manuel Lozano Pineda para la revista Viernes, de El Universal.

Gustavo Arango regresa al origen

Por Manuel Lozano Pineda

La carrera literaria de Gustavo Arango ha estado estrechamente ligada a la ciudad de Cartagena. A comienzos de la década del noventa, Arango llegó desde su natal Medellín, dispuesto a hacerse escritor en esta ciudad que le había fascinado desde niño. Traía también el sueño de trabajar en El Universal, el diario donde, cuarenta años atrás, García Márquez había empezado su carrera como periodista.

Durante los ochos años que Arango trabajó en este medio dejó una huella en la vida cultural de la ciudad. Como editor, hizo del suplemento Dominical una de las publicaciones más dinámicas e importantes del país. Esta labor le mereció, junto con Gustavo Tatis Guerra, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 1992, al mejor trabajo cultural en prensa. Como periodista, Arango publicó numerosas crónicas y perfiles de calidad literaria. Algunos de esos trabajos han sido incluidos en antologías y le merecieron distinciones locales y nacionales. Como profesor universitario y director de talleres de escritura creativa, influyó en varias generaciones de cartageneros y contagió en ellos su amor por las letras. Como columnista de opinión, llegó a ser uno de los comentaristas más leídos de El Universal, a través de un seudónimo, Wenceslao Triana, que aún hoy es de grata recordación en la ciudad. Al lado de estas múltiples tareas, Arango seguía trabajando en su obra literaria, publicó dos libros de cuentos y la crónica novelada, Un ramo de nomeolvides, que se ha vuelto un texto obligado para entender los inicios de Gabriel García Márquez como escritor.

La publicación de Un ramo de nomeolvides le abrió a Gustavo Arango las puertas de la academia norteamericana. Una entusiasta recomendación del escritor argentino Tomás Eloy Martínez, y de su esposa Susana Rotker, le permitió viajar a los Estados Unidos, en 1998, y hacer estudios de doctorado en literatura en la Universidad de Rutgers, en New Jersey.  Hoy en día es profesor asociado de la Universidad del Estado de Nueva York, en Oneonta, una pequeña ciudad en las montañas, tres horas al norte de la Gran Manzana.

Durante los doce años que Arango ha vivido en los Estados Unidos ha publicado más de diez libros en distintos géneros: cuento, novela, periodismo y estudios literarios. Hace cinco años volvió a Cartagena a presentar su novela El país de los árboles locos. Ahora regresa a presentar otra novela, El origen del mundo, con la que ha empezado a recibir reconocimiento internacional.

El origen del mundo ganó el año pasado el Premio Bicentenario de Novela, convocado por Ediciones B, México. Fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con un despliegue que pocos escritores colombianos han recibido en el país azteca. En mayo pasado apareció la edición colombiana de esta novela que nos cuenta la historia de Magnífico Delgado, un profesor que vive en “el País del Sueño” y  no puede evitar enamorarse de sus alumnas, en especial cuando las mira entregadas al placer de la escritura. Las primeras críticas de la novela se han concentrado en la alta calidad de su lenguaje y en las múltiples lecturas que permite. Arango se presentará el 5 de agosto en la Librería Ábaco y visitará varias universidades de la ciudad. De esta manera compartirá su triunfo literario con esta ciudad que ocupa un lugar privilegiado en sus afectos y donde Arango empezó su carrera como escritor.








jueves, 23 de junio de 2011

Tiramisú

Tiramisú:
Him. ¿Por qué soy el único que puede verte y escucharte?
Her: Porque cuando morí yo estaba pensando en ti y tú estabas pensando en mí.





martes, 14 de junio de 2011

"Confieso que quiero seguir viviendo"

"Confieso que quiero seguir viviendo", una entrevista con Jorge Consuegra, de Libros y Letras.

El secreto de El Divino


El secreto de El Divino


Pocas veces se encuentra una opinión tan unánime como la que ha perdurado entre los críticos sobre José María Vargas Vila: todos coinciden en que era un pésimo escritor. Ilegible, pomposo, vacío, rimbombante, fatigoso, vacío, cantinflesco, “adoles­cente con todo lo malo de la adolescencia…” El único mérito que se le reconoce fue su talento para el insulto. Borges destaca unas frases suyas contra Santos Chocano —“Los dioses no permitieron que deshonrara el patíbulo… Sigue vivo, des­pués de haber fatigado la infamia”—, y agrega que es “la injuria más esplendida que conozco: injuria tanto más singular si consideramos que es el único roce de su autor con la literatura”.

La infamia de su estilo no impidió que Vargas Vila fuera el escritor hispanoamericano más famoso y vendido de comien­zos del siglo 20. Sus libros eran publicados en ediciones de lujo por prestigiosas casas editoriales de Europa —Bouret y Sopena- y contaban con la publicidad de estar incluidos en el índice de libros prohibidos por la iglesia. Al autor lo rodeaba la leyenda: a los veinte años había denunciado a un cura por frecuentar las camas de sus estudiantes y tuvo que exiliarse de Colombia; al parecer fue expulsado de los Estados Unidos por sus ideas “anti yanquis”; vivía en Europa —en París, Roma, Madrid o Barcelona— en medio de refinamientos decadentes. Sus lectores lo llamaban ‘El Divino’. Vargas Vila influyó en personajes como Jorge Eliécer Gaitán, Juan Domingo Perón y hasta Pablo Neruda. Malos y todo, a ochenta años de su muerte, sus libros aún se siguen vendiendo en las esquinas.

Hago eco de las críticas, porque hace poco descubrí que están equivocadas. Tanta unanimidad en el rechazo resultaba sos­pe­chosa. Ahora puedo afirmar que Vargas Vila fue un escritor incomprendido, que es posible que nunca se valore en sus justas proporciones, por la simple y sencilla razón de que su obra maestra no ha sido publicada. Al momento de morir, en mayo de 1933, Vargas Vila dejó escrito un diario íntimo de cuatro mil quinientas páginas. La historia de ese diario parece una novela de aventuras. Lo heredó Ramón Palacio Viso, su secretario, quien tras la muerte de Vargas Vila se fue a vivir a Cuba con su esposa. Luego estuvo en otras manos. Años después, el gobierno cubano impidió que los diarios salieran de la isla. Ahora reposan en bodegas del Estado y hasta se habla de un complot, que implica a García Márquez, para que no se conozcan y no le hagan sombra al Nobel colombiano.

Hasta ahora sólo han aparecido dos libros con frag­mentos del diario. Consuelo Triviño recibió permiso de Fidel Castro para asomarse a esas páginas y decidió concentrarse en lo anec­dótico, a pesar de que Vargas Vila insiste en que los hechos no le importan. La segunda selección, transcrita antes de que el diario fuera confis­cado, muestra un Vargas Vila en constante agonía, preparándose para la muerte y la inmorta­lidad. Queda la sensación de que ninguna de las dos selec­ciones nos ofrece el Vargas Vila completo. Podemos, sin embargo, ver allí la soledad de la fama, la mirada descarnada sobre los contemporáneos, el desprecio de sus propias obras, la pequeñez y los delirios de grandeza de un hombre que era consciente de estar haciendo en la sombra su obra más importante.

Tal vez nunca conoceremos por completo el monu­mento que Vargas Vila talló en secreto, a espaldas de la fama. Pero a través de los fragmentos es posible vislum­brar que aquel hombre escribió el testimonio vital más ambicioso que jamás haya emprendido un hijo de estas tierras: un esfuerzo a la altura de las obras de Pepys, Rousseau, Proust o el mismo San Agustín. Quizá, después de todo, Vargas Vila era mucho más ‘Divino’ de lo que todos, incluso él mismo, podríamos haber pensado.


Publicado en Vivir en El Poblado el 14 de junio de 2011.