sábado, 5 de septiembre de 2015

Diciéndole adiós a Dios




Un texto de Wenceslao Triana

publicado en Cartagena en línea
el 24 de noviembre de 2006



Dicen los del New York Times, y no estoy seguro de que debamos creerles, que la ciencia ha lanzado una arremetida contra la idea de Dios y, a juzgar por el tono del informe, Dios ha salido tan maltrecho que su existencia ha vuelto a quedar en entredicho.
El centro del debate parece haber sido un congreso celebrado en California hace unos días, donde los científicos se sentaron a discutir los distintos niveles de fastidio que les producía el hecho de que la gente creyera que un Dios había creado lo que existe.
Steven Weinberg, Nobel de Física, dijo que era hora de despertar de la prolongada pesadilla que las creencias religiosas han significado para la humanidad. Cual un pastor a sus feligreses, Weinberg dijo que la mayor contribución que la ciencia podía hacer por la civilización era debilitar el poder y la influencia de la religión en nuestras vidas.
Una de las estrellas del congreso fue Richard Dawkins, el autor del best seller The Delusion of God, que ha revivido el debate entre ciencia y religión y, al parecer, lo ha dejado resuelto. Por cierto, la palabra “delusión” no tiene un equivalente en español, significa más o menos engaño voluntario o autoengaño, negativa a admitir la evidencia de los hechos. Resulta significativo que la lengua en que se expresan culturas tan engañadas no tenga un término que denomine la complicidad de la víctima con sus victimarios. Pero ese puede ser tema para otro sermón. Sigamos con la pelea de la hablaba.
El libro de Dawkins es un paso más en una vieja pelea que se remonta a los tiempos en que la ciencia creyó haber derrotado para siempre a la religión, con las teorías de Darwin, hasta que alguien dijo: “Un momento. Supongamos que es cierto, que venimos del mono. Ese hecho no resuelve la pregunta inicial: ¿cómo empezó todo?”
Confieso que no he leído el libro de Dawkins, pero me bastó la lectura de minuciosas reseñas para saber que toda su furia no está dirigida contra Dios, sino contra las instituciones religiosas. Basta también leer esas reseñas para saber que el autor del gran best seller no habría resistido una conversación de ascensor con Tomás de Aquinas o Gilberto de Beaconsfield. Las contradicciones a su libro existían siglos antes de que él lo escribiera. Dawkins no habría necesitado tomarse la molestia de escribir su libro, y de hacerse millonario con sus lugares comunes, si hubiera leído esa frase lapidaria de Paul Ricoeur –religioso como pocos– al final de sus ensayos sobre ideología y utopía: “El mal está en las instituciones”.
La congregación de científicos parecía feliz de coincidir en que el universo es una serie de accidentes y que carece de diseño y de propósito. El respetado director de un planetario conmovió a los asistentes al congreso con una serie de fotografías de bebés deformes de nacimiento, lo cual, según él, demostraba que una naturaleza ciega, y no un ser todopoderoso, estaba en control de todo.
El reporte del New York Times, con el siempre tramposo equilibrio que caracteriza a la prensa, incluye el testimonio de un curita que dice que no es bueno decirle a la gente que el universo y la vida carecen de sentido. El reporte no nos dice si el curita cree en Dios.
Terminada la lectura queda la sensación de que el reportero y los científicos reporteados coinciden en que estamos sumergidos sin remedio ni esperanza en el sorbete de la nada. Lo curioso es que el efecto que producen, si se mira con cuidado, es opuesto al que ellos mismos buscaban.
Confundir el concepto de Dios con el uso que de él hacen las instituciones religiosas es como confundir el matrimonio con el amor. Decir, desde la perspectiva de la ciencia, que la religión está equivocada, es como si un mentiroso compulsivo acusara a otra persona de poca sinceridad.
Decir que el universo carece de estructura y de diseño no sólo es una muestra de ignorancia en asuntos teológicos: cualquier lector del libro de Job sabe que la perspectiva humana no permite ver el diseño, del mismo modo que el piojo en mi cabeza no tiene idea de lo que pienso. Usar la perspectiva de la ciencia para hacer la acusación es también una muestra ignorancia de lo que la ciencia es y ha sido: una proyección de conjeturas sobre el telón de los datos.
Pero sin duda la más absurda de todas las posiciones es la del hombre que quiso demostrar la inexistencia de Dios mostrando bebés deformes. Esa criatura enternecedora no sólo estaba ignorando que buena parte de esas deformidades son resultado de las incursiones de la ciencia en lo que no entiende ni conoce. Mientras conmovía a un auditorio lleno de gente con dos ojos y dos orejas y un corazón, mientras usaba conceptos como armonía y diseño para señalar excepciones, ese científico loco estaba haciendo la defensa de Dios más fuerte que he visto en mucho tiempo, estaba recordándonos algo que se sabe hace milenios, que Dios sabe lo que hace, especialmente cuando menos lo entendemos.

Noviembre 24, 2006.





viernes, 4 de septiembre de 2015

Sobre "Su última palabra fue silencio"

Una reseña de Ramiro de la Espriella 
publicada en el diario El Espectador, de Bogotá, 
el lunes 5 de diciembre de 1994. 


Por Ramiro de la Espriella.

La editorial Lealón, de Medellín, ha editado el libro de cuentos Su última palabra fue silencio, de Gustavo Arango, un periodista que vela sus armas en El Universal de Cartagena.
Estos escritores jóvenes de ahora, con muchas más resonancias internas y por eso mismo menos visibles, penetran en el ser psicológico de sus personajes y nos los entregan mucho más allá del sofá de Freud, en un diálogo del comportamiento humano de la vida cotidiana. Esa que por permanente casi no se ve y aparece apenas en sus rasgos vívidos en la recreación de sus intérpretes. Es el caso manifiesto de Gustavo Arango, que no cuenta cuentos, va mucho más allá: estremece el anonimato de la vida diaria, nos enseña lo que interiormente sabemos, pero casi nunca queremos o nos atrevemos a adivinar.
La creación literaria entre nosotros desbordó hace mucho tiempo el costumbrismo, se fue paradójicamente más lejos, quedándose en la presencia del ser humano, sus contradicciones, el silencio de unas vidas hechas hacia adentro, cuyo comportamiento no trasciende más allá de sus propios seres. El creador debe entonces entender que la riqueza que busca está contenida, toda, en el silencio anímico de esos seres en apariencia intrascendentes que lo rodean o simplemente observados desde la distancia de la imaginación.
Eso sucede con el libro de cuentos de Gustavo Arango, hecho de soledad y de silencios, tan hondo y penetrante. Desde su primer cuento, que sirve de título a la selección, hasta el de la niña de nueve años que ya es capaz en su angustia de pensar que “el dolor es más soportable que el temor”.
Desaparecidos los ismos de nuestra literatura, y probablemente también pueda decirse que las generaciones, porque lo que ahora crea y recrea es el ser contemporáneo, son tantos nuestros grandes escritores que ya no es posible señalarlos con el dedo y decir Jorge Isaacs y María, José Eustacio Rivera y La vorágine. El unigénito debe venir consagrado desde afuera en tanto los demás están tentados a sufrir el anonimato de sus propios personajes, un día exhumados por la memoria de los tiempos.
En Escapar el personaje se pregunta si en su prisa por partir no se habrá ido solo, quedándose donde estaba. Y la tragedia de Peldaños, cuando surge de pronto el instinto de matar, apenas viendo alejarse en la distancia borrosa el cuerpo de la víctima. El viaje es la reiteración del tiempo que se va en la mansedumbre fatal: el uno pregunta si el tiempo depende de la manera como se ocupe, y cuando se insiste en preguntarle cómo transcurre más rápido, se limita a afirmar: “Hablando”, pensando no, “puede ser eterno”. Para concluir: “El paso de las cosas más cercanas no deja ver la distancia”.
El periodista Douglas Fairbanks en busca de un buzón donde depositar su manuscrito reencarna y revive a todos los creadores anónimos en busca de un editor. Pirandelo puso a sus personajes  a buscar un autor y se encontró con él mismo. Mucho más grave entre nosotros,  acaso en todo el mundo, la angustia de los escritores jóvenes, habrá casos en que no encontrarán jamás el buzón.
El diálogo entre Agustín Heredia y la tía Carola, sentada eternamente en su mecedora, revela en su penumbra el poder evocador del silencio, como va pasando la vida y se devora ella misma. La tía Carola dice que cuando niña le gustaba escribir, pero le gustaba aún más borrar, borrar lo escrito, y así: escribiendo y borrando, su suprema elación consistía en ver las páginas en blanco, “limpias, sin arrugas, sin huellas de palabras”. Otra vez el silencio.
Son cuentos cortos, excepción hecha de Las manos en las sombras y El viaje, hechos en silencio, así como su última palabra.
Hubo una época en Colombia que alcanzó aún a García Márquez, en que los suplementos literarios tenían por misión principal la de dar a conocer los valores desconocidos, augurados de buena suerte, una especie de escrutinio de la inteligencia hacia el futuro, un vaticinio.
Después de leer este libro habrá que seguir de cerca la trayectoria de Gustavo Arango.






jueves, 3 de septiembre de 2015

En plan de lectura

Santa María del Diablo ha sido seleccionada 
para el programa "En plan de lectura", 
que organizan el Centro Comercial Santa Fe, de Medellín,
y el periódico Vivir en El Poblado.

Los interesados pueden inscribirse entre el 4 y el 11 de septiembre
y recibirán el libro gratis (cupos limitados).

Las discusiones sobre Santa María del Diablo serán
moderadas por Esteban Carlos Mejía
y tendrán lugar los lunes 21 de septiembre y 5 de octubre, 
en el Centro Comercial Santa Fe.

  

sábado, 29 de agosto de 2015

De la ética de las estrellas: Björk y su experiencia cinematográfica

"Lo que (Hollywood) quizá no había visto, y tal vez nunca más vea, es que la construcción de un personaje exija del artista tal entrega, que le resulte imposible volver a actuar jamás".

Un viejo ensayo, de diciembre de 2001, que andaba traspapelado


Entre los hechos curiosos de la ceremonia de entrega de los premios Oscar 2001, uno de los más desconcertantes fue la presencia de un cisne que fue dejando huevos por donde pasaba. El cisne no era un cisne, era un vistoso traje blanco que provocó reacciones tan diversas como el asombro, la admiración o la burla. Melissa Tell, una de las comentaristas de moda del evento, después de hablar con propiedad sobre los vestidos de las actrices, después de valorar estilos, telas, escotes, transparencias y accesorios, al referirse al traje-cisne se limitó a preguntar: “¿What was that all about?”
Lo que probablemente era una ironía, sintetiza en buena forma la visión general que Hollywood[1] tiene de una artista que en muchos sentidos le resulta incomprensible. La persona que estaba dentro del vestido fue “la más renombrada estrella pop de Europa en la década pasada, podría decirse que la más brillante estrella en cualquier género” (McDonell 16), y la razón para estar presente en la ceremonia de los Oscars era su nominación, en la categoría de mejor tema musical, por la canción “I’ve seen it all”, del melodrama experimental “Dancer in the dark”, dirigido por el danés Lars von Trier, en el que Björk también fue protagonista.
El traje-cisne no fue la única rareza de Björk aquella noche. En el momento de la presentación en vivo de su obra nominada, olvidó o fingió olvidar la letra de la canción.  También ese gesto produjo reacciones disímiles en un grupo acostumbrado a ser unánime: a aplaudir cuando es preciso, o a esbozar discretos gestos de censura o condescendencia cuando alguien hace algo inapropiado.
El traje y la presentación de Björk, en la ceremonia de los Oscars, puede leerse como una manifestación de inconformidad frente a un medio que la artista no siente como suyo.  Meses atrás, al recibir el premio como mejor actriz en el festival de Cannes, por su actuación en la película de Von Trier, Björk había anunciado que nunca más volvería a actuar en una película. Varias fueron las razones con que la artista justificó esta decisión: los roces continuos con el director durante la filmación de Dancer in the Dark (tanto por la música, como por la actuación),  su inusual manera de asumir la interpretación del personaje de Selma (que dijo haberla afectado emocionalmente) y la sensación de estar traicionando la música, el arte al que ha dedicado toda su vida. "I felt dirty", llegaría a decir sobre su paso por el cine (Karan 187)
El paso de Björk por el mundo del cine plantea numerosas reflexiones en el campo de los estudios cinematográficos dedicado al análisis de las estrellas. En Stars, Richard Dyer dice que las estrellas deben ser vistas desde la perspectiva de su significación (social, semiótica), no como personas reales. Para Dyer, la estrella se constituye en un discurso que conduce a reflexiones sobre la ideología en general[2], y sobre las diversas ideologías que se confrontan y dialogan al interior de un mismo marco ideológico.  En el caso específico de Björk, es posible considerar, entre otros aspectos, la manera como ha sido construida la imagen de la artista, la influencia de su paso por el cine en la constitución de esa imagen y, a propósito de su participación en Dancing in the Dark, la función autorial de la estrella, su influencia en el contenido general de una obra cinematográfica y las implicaciones éticas de la que quizá llegue a ser su única experiencia protagónica en el cine.
Pero todas esas perspectivas pueden sintetizarse en un hecho quizá sin precedentes en la historia del cine: que una actriz diga haber aceptado interpretar un papel con la intención de defender al personaje de los propósitos del director. Uno de los precios de esa posición quizá sea el final de la carrera cinematográfica de Björk en el mismo momento de su inicio. Otra de las consecuencias es haber hecho visible un problema ético que el mundo del cine pocas veces se ha planteado: el de la dignidad de los actores cuando sus principios entran en conflicto con lo que los directores quieren.

 

Björk

Para Evelyn McDonnell, autora del libro Army of She: Icelandic, Iconoclastic, Irreprensible Björk, las personas interesadas en la cantante y actriz islandesa pueden situarse entre dos grandes grupos:
Those of you who heard about the numerous awards and award nominations for her role in the film Dancer in the Dark, promptly said to yourselves, “What is this thing called Björk? And why is she wearing a swan?”, and conducted the appropriate web searches; and those of you who are Björkophiles, collectors of her every white-label remix and guest vocal appearance, connoisseurs of all things Björk (3)
Björk Gudmundsdóttir tuvo su primer éxito musical en Islandia, a la edad de once años, cuando grabó el álbum Björk, en el que mezclaba música pop, canciones tradicionales islandesas y una composición instrumental de su autoría. Cuando tenía trece años, tocaba la batería en una banda punk de sólo chicas llamada Spit & Snot. “We believed boys are crap, they’re only good for shagging” (McDonnell 15), era una de las ideas compartidas por el grupo. A los dieciocho años apareció en la televisión islandesa, con la banda Kukl, con las cejas afeitadas, en embarazo y con el vientre descubierto. A los 19 años dio a luz a su hijo Sindri y esa experiencia le ha dado pie para establecer diferencias con las ideas sobre la maternidad en Estados Unidos y el Reino Unido:
Because I was brought up around loads of kids with a massive family –where the attitude was you get pregnant, you put it under your arm, and you keep on doing what you’re doing– I never thought having a kid was a big deal (McDonnell 19)
Su primera banda de alcance internacional fue The sugarcubes, la cual  se formó en torno a un grupo de poetas y artistas inspirados en el movimiento dadaísta. En los años 90 Björk empieza a trabajar de manera independiente, asociándose con músicos diferentes para cada grabación y desde entonces ha sido siempre objeto de interés, en especial para la prensa y el público europeos, por su original estilo interpretativo (explora facetas de la voz humana poco convencionales: el suspiro, el quejido, los sonidos guturales), por su eclecticismo musical (sus obras pueden incorporar una gran diversidad de instrumentos y de estilos) y por el poderoso atractivo que inspira su “persona”[3]:  mezcla de niña, madre y mujer independiente,  también mezcla de fragilidad y de rudeza, así como paradigma de integridad y compromiso con su arte.
  En 1996, Björk acaparó titulares de la prensa internacional por dos hechos escandalosos. El primero, fue el descubrimiento de una carta bomba que le dirigió un fanático desde la Florida (Estados Unidos), al parecer porque la artista entabló una relación con un hombre negro. El fanático se suicidó después de haber enviado la carta. Ese mismo año, la artista agredió a una reportera en el aeropuerto de Bangkok, por insistir en entrevistar a su hijo después de que ella se negó a ser entrevistada.
A pesar de que la artista se presenta como alguien exterior a la ideología predominante, tanto por su origen, como por su actitud contestataria, es posible encontrar en ella ciertos rasgos compartidos con las estrellas convencionales, aquellas que de algún modo refuerzan el orden predominante. Para Orrin E. Klapp las estrellas tienen tres maneras básicas de relacionarse con el orden establecido: refuerzo, seducción y trascendencia. La función del refuerzo es presumiblemente la misma del héroe clásico, es decir, mantener la imagen que el grupo tiene de sí mismo. En la “seducción” el héroe rompe las normas, pero de una manera agradable. Klapp menciona ejemplos como el de James Bond, para quien es “possible, permissible, even admirable, to romp in the forbiden pasture” (Klapp, citado por Dyer 24). La tercera categoría, la de la trascendencia, puede ser apropiada para entender a Björk en relación con la ideología dominante. Para Klapp, en este caso el héroe produce un punto de vista fresco, un sentimiento de integridad, “and makes a new man (sic)” (citado por Dyer 24).
Para Dyer, estas categorías plantean varios problemas. El primero es la ambigua frontera entre la “seducción” y la “trascendencia”. Otro problema es la calidad de los ejemplos incluidos por Klapp en la categoría de “trascendencia” (Jean Paul Belmondo, entre ellos), los cuales, según él, hacen ver como poco respetable intelectualmente este grupo de artistas llamado a “redefine and recreate standars by which experience is to be judged” (Klapp, citado por Dyer 24) Dyer se pregunta qué tan subversiva puede ser la categoría de las estrellas que trascienden. Este interrogante apunta a la posibilidad de que sólo se trate de una válvula de escape para el descontento. Pero el mismo autor agrega que ese poder de subversión depende en buena parte de la concepción que se tiene del sistema. Si se le ve como un sistema cerrado y hermético, perfectamente ensamblado, el poder subversivo de las estrellas “trascedentes” sería nulo. Pero agrega:
My own belief is that the system is a good deal more ‘leaky' than many people would currently maintain. In my view, to assert the total closure of the system is essentially to deny the validity of class/sex/race struggles and their reproduction at all levels of society and in all human practices. (25)
En el caso de Bjrök puede ser más claramente discernible esa mezcla de participación y distanciamiento mediante las que las estrellas que trascienden el sistema predominante, personifican conflictos y transformaciones. Al lado de actitudes que pueden ser consideradas convencionales, conviven posiciones que de algún modo ofrecen una mirada “fresca”, esa “sensación de integridad” que redefine y recrea los estándares con los que la experiencia es juzgada.
Como lo señala Ginette Vincendeau, en un artículo sobre Catherine Deneuve (la afamada actriz francesa que también actúa en Dancer in the Dark), “the construction and perception of women’s personalities always depend on their looks” (42).  Björk no parece ser la excepción. Los peculiares rasgos fisionómicos de Björk han sido objeto de atención  y de polémicas. En una entrevista, la cantante ha dicho que tiene “genes that go twelve hundred years back being what I am, with my eyes, my nose, whatever” (Mc Donnell 25) Por su apariencia poco escandinava, se ha hecho referencia a la posible presencia de genes del grupo Inuit, de rasgos asiáticos, que ocupaba amplias regiones de Canadá y Groenlandia. En páginas de internet es posible encontrar apasionadas polémicas sobre el origen racial de los rasgos de la artista.
El prestigio de Björk en Europa, durante los años 90, fue más allá de su actividad musical y también se extendió al ámbito de la moda.  Por su uso de diseños de vanguardia —de Junya Watanabe, Alexander McQueen y Martin Margiela, entre otros—, Björk llegó a ser incluida en el grupo de las 100 personas más influyentes en el mundo de la moda.  “Women all over the world began tying their hair in little knots on top of their heads, à la Björk'.” (McDonnell 52) Fue justamente en una película sobre moda Ready to Wear (Pret-à-Porter), en 1994, donde Björk tuvo una de sus dos apariciones secundarias en el cine, antes de protagonizar Dancer in the Dark. La anterior había sido en la película islandesa en blanco y negro The Juniper Tree, en 1987, basada en un cuento de los hermanos Grimm.
Los años 90 fueron también escenario[4] para la construcción de la figura de Björk como un personaje con ideas radicales sobre música, cultura popular, política o literatura. A propósito de la dificultad para clasificar su producción musical, Björk ha dicho: “I think my music is world music. But I’d be lying if I wouldn’t say I’m being ironic about it.” (McDonnell 7) La artista ha asumido su creación como una misión trascendental en la que sus peores enemigos son la mediocridad y la estrechez mental. Ha declarado que se hizo “terrorista artística” para combatir a esos enemigos. En una de sus canciones promete transmitir música que libere a la raza humana de sufrimiento (12) y ha dicho que sus creaciones son para todas las personas, “not for VIP or educated people” (20).
En sus opiniones sobre la música rock de los Estados Unidos se sintetiza su posición general frente a la cultura de ese país y frente a las formas “industriales” del arte.
The American rock’ n’ roll industry is more conservative than the electricians’ union in Iceland... My father runs the union, so I know that you have to adapt (…) And everybody in the world is doing that except the U.S. rock’ n’ roll industry, They’re just staying in their jeans and their black motorcycle jackets and listening to guitars solos. (47)
Esa misma opinión parece subyacer en una entrevista en la que Björk declaró que estaría avergonzada de responder en islandés, pero que podía hacerlo en inglés porque es la lengua de las cosas baratas: la charla menuda, los clichés, las modas, etc. Su posición frente a los Estados Unidos y Gran Bretaña, y la apasionada afirmación de su condición islandesa, la han llevado a hacer declaraciones propias de un especialista en estudios culturales y postcoloniales.
Those countries, they all have three or four hundred years to adapt to western civilization, they had industrialization and all that shit. But all the other countries, like in South America and Asia, they became western civilized in fifty years. Before that, we were living in the Middle Ages. A lot of literature from South America, or a lot of films from Asia, they talk about having a foot in nature, in the mud, in mythology, and the other foot in mobile phones. I used to think that sort of thing was special for Iceland. But I realized I was being smitten by this whole (idea) of London or New York being the center of the world, this white-male, Western civilization, blah blah blah saying this is normal and the rest is weird. I realized that the USA and them are minority, and the rest of the world has gone through the same in the last hundred years: an outrageous change. In my music, talking about mountains but talking about ghetto blasters, and talking about the wind in my hair but being in a club disco dancing, it seems like I’m the odd one out, but actually... (McDonell 23)
En una entrevista para Interview, Björk declaró que las tres grandes obsesiones de su vida son la vida, la muerte y el sexo. En otra entrevista declaro que era “ ‘outrageously sexually greedy’ and masturbates everyday (...) This direct eroticism is part of what gives her girlie act teeth, makes her beguiling instead of cutesy”. (Mac Donnell 53)
Si fuera preciso resumir los rasgos de la persona Björk, palabras como autonomía, determinación y, probablemente, libertad, serían necesarias:
Somewhere along the line I made a wish unconsciously to take as fully part of things as I could, and that means you’ve got to be ready to end periods and star new ones. And change. And of course it’s painful. But when you plant a wish like that, that you want to experience and feel maximum, you’ve got to realize what comes with it. (55)



Dancer in the dark
En 1999, cuando Björk recibió la invitación del director Lars von Trier para producir la banda musical de Dancer in the Dark, y posteriormente para protagonizar la cinta, Björk se encontraba en uno de los puntos más elevados de su prestigio artístico. Su llegada al cine se produjo de manera poco usual. En contra del frecuente estereotipo de la estrella que escala poco a poco el estrellato, a través de una larga cuesta de papeles secundarios, Björk llegó al cine como una artista que además de la aceptación popular contaba con gran prestigio entre el público de la alta cultura.
Al parecer un error mutuo de valoración reunió a la cantante islandesa y al director danés. Tras el éxito de la película en Cannes, Von Trier declaró: “No conocía su música. Se me ocurrió trabajar con ella cuando la vi en un videoclip. No soy aficionado a la música moderna y, además, la música de Björk está muy por encima de mi nivel musical” (“Von Trier vio la luz”). Björk, por su parte, tampoco tenía mayor conocimiento sobre Von Trier: “I didn’t know who he was before I got the offer to take part in Dancer in the dark, but then I saw “Breaking the waves” and I loved it”. (Brästedt y Börjesson)
Von Trier no era un desconocido. Sus películas previas “Breaking the waves” y “The idiots” habían hecho de él un director de culto, cuyo estilo exploraba nuevas posibilidades para el melodrama, y se centraba en un ciertas caracterizaciones femeninas que algunos críticos han llamado “mujeres mártires”. Von Trier había hecho noticia con la creación de Dogma 95, una corriente cinematográfica cuyo manifiesto invitaba a los realizadores a filmar con recursos limitados y respetando diez reglas de cumplimiento obligatorio, entre ellas el uso de cámara en mano y la negativa a emplear otra luz que la luz natural[5].
Tras haber visto “Breaking the waves”, Catherine Deneuve había contactado personalmente a Von Trier para expresarle su interés en participar en una de sus películas. La oportunidad llegó con Dancer in the Dark, la cual entre sus muchas referencias incluye alusiones a “Les parapluies de Cherbourg”, la película musical que había lanzado a Catherine Deneuve al estrellato, más de treinta años atrás.
Cuando se inició el rodaje de Dancer in the Dark, la atención mundial estaba puesta en esta compleja confluencia de estrellas. Amigo de los manifiestos, Von Trier decidió que esta película no seguiría los mandamientos de Dogma 95 (como es evidente que no lo hace, podría decirse que la película está hecha para contradecirlos) y redactó un manifiesto en el que definía el personaje de Selma, las características de la película, de la música, de la danza, del canto y del decorado. Al referirse al personaje, dice, entre otras cosas:
The popular music and the famous musical are what fill the shelves in her mind. But she is not just a dreamer! She is someone who loves all life! She can feel strongly for all the wonders which every inch of her (rather cruel) life can hold (…) her art consist of the musical fragments in which she flees when she needs…the fragments of Selma’s very own musical… it resembles no other musical… it is a collision of all shreds of melodies, ditties, sounds, instruments, lyrics, and dances which she has experienced in the cinemas and the real life with the same elements as she —through her gift— can find there. (Bibel)
En el momento en que descubrió que la banda sonora de la película había sido modificada sin su consentimiento, Björk abandonó el sitio del rodaje. “The people, with no musical knowledge, started to change compositions, that I had been working on for months”, dijo la artista en una entrevista con Entertainment Weekly.[6] Björk regresó cuatro días después al sitio del rodaje con su propio manifiesto, en el que condicionaba su continuación en la película a que ningún cambio en la canciones se realizara sin su aprobación y a tener el derecho a decidir la música que se incluiría en la banda sonora de la película.
Björk obligó a Von Trier a hacer modificaciones en el guión, rechazó algunas piezas de vestuario y al parecer sufrió de frecuentes problemas nerviosos durante el rodaje, según la actriz, por verse obligada a interactuar con muchas personas, lo cual no sucede con su música.  La tensión entre ambos generó una especie de leyenda que ha acompañado a la película desde el momento del rodaje. Algunos afirman que la situación ha sido utilizada para promoverla. Al lado de las discusiones sobre la música, se generó entre ambos también una pugna en torno al personaje de Selma. Von Trier asegura que en sus películas trabaja por borrar su influencia personal en la construcción de los personajes:
I think that the more I work, the less my own person is involved. If you really work with a character, with an actor, it’s as if you were making a documentary. You don’t design something, you investigate something that is already there. (McDonnell 81).
Pero desde la perspectiva de Björk, Selma era un personaje que debía ser protegido de las intenciones del director:
We had different ideas about who Selma really was. I wanted her to be more of an artistic character but Lars, who is a complete fanatic, wants his role figures to suffer, especially the female ones. I couldn’t really accept that. Selma has had a hard life and she is very imaginative due to all the times she has escaped from her problems into a fantasy world. (…) But Lars thought that was impossible. All the time he just wanted more and more dreadful things to happen to her and in the end she is even being executed. I thought that was a bit too simple, a bit too easy. But I don’t think the whole film is based only in conflicts, it’s a compromise between our different views. It’s a combination between reality and fantasy just like the musical. (Anders)
Pocas veces ha sido tan evidente, como en Dancer in the dark, el hecho de que una película puede ser un espacio donde dialogan y entran en conflicto diversas intenciones autoriales. Descontando los casos de autores que dirigen, pocas veces la presión de la estrella protagónica ha sido tan determinante en diversos planos de la producción y en el resultado final. Para Dyer, es difícil concebir una estrella que carezca por completo de poder o influencia  en las decisiones sobre su imagen o actuación, el grado de poder sólo puede ser evaluado en cada caso particular. El mismo Dyer cita apartes de un texto de Patrick McGilligan, Cagney:The actor as Auteur, donde se hace una caracterización de cierto tipo de estrella que bien puede aplicársele a Björk:
When the performer becomes so important to a production that he or she changes lines, adlibs, shifts meaning, influences the narrative and style of a film and altogheter signifies something clear-cut to audiences despite the intention of writers and directors, then the acting of that person assumes the force, style and integrity of an auteur. (Mc Gilligan, citado por Dyer 153)
Una de las singularidades de Dancer in the dark, se encuentra en la manera como Björk asumió la caracterización de su personaje. Para Richard Dyer  existen dos técnicas básicas de construcción actoral de los personajes. En la primera, conocida como la técnica de afuera hacia adentro, o técnica Diderot-Coquelin: “the performer should never lose him/herself in a role and should base the performance in the observation of others or on traditional skills” (132). En la segunda, de adentro hacia fuera, conocida también como método Stanislavsky: “the performer should came to live the character, and should base the performance in how s/he feels inside” (132). Pero en el caso de Björk quizá nos encontramos frente a una nueva forma de asumir la actuación, un proceso de identificación tan intenso, que prácticamente inhabilita al artista para hacer actuaciones posteriores. Su defensa de la dignidad del personaje la llevó a reacciones tan extremas como destruir una blusa porque, según ella, proyectaba una imagen aún más sufriente del personaje.
Tanto Von Trier como Catherine Deneuve se han referido con insistencia a la particular forma en que Björk asumió su personaje. “She can’t act, she can only be, she gives an incredible performance and it’s not acted, it’s felt” (McDonnell 74), ha dicho Von Trier. La perspectiva de Catherine Deneuve resulta interesante porque, como estrella consolidada, la actriz francesa ofrece una visión mucho más cercana a la ideología predominante y más convencional acerca de la actitud que un actor o actriz debe asumir en un rodaje. En el momento en que Björk abandonó el rodaje por problemas con las letras de las canciones, Deneuve, contrariada, dijo que era como una chiquilla que se escapa de la escuela. Pero al hacer el balance general de la película y de su actuación, su mirada fue más benévola:
Her empathy for the role is total. Maybe she hasn’t got the same ability as us to go in and out of the role we play. She has identifies herself with Selma so much that it has become hard to her to bear. And thus causes difficulties for others, not least for Lars. But both Lars and Björk are to strong artistic tempers, both very stubborn, so of course there have to be collisions. (Björkman)
Björk ha llevado la defensa de Selma más allá de la escena del rodaje. En la producción del álbum basado en la película omitió los temas “Next to last song”, que el personaje interpreta al momento de su ejecución, y “My favorite things”, tema del musical en el que el personaje soñaba participar, y que finalmente canta en una celda de la prisión. La razón que dio para esas omisiones fue que en esas canciones el personaje no pudo cumplir con éxito la transición de su música al mundo de fantasías en el que su vida es un musical emocionante, donde todo es excelente. “I see the album not as the soundtrack to the film but rather as the realization of Selma’s dream. I want this record to be my gift to Selma,” afirmó Björk (McDonnell 80).
Después de su aparición en Dancer in the dark, la imagen de Björk ha alcanzado un prestigio sin precedentes. Evelyn McDonnell conjetura: “Maybe Selma was martyred so that the film going audience that doesn’t follow music could discover Björk” (86).
La artista ha hecho énfasis constante en su desconocimiento sobre el cine, sobre las trayectorias de artistas y directores, sobre las técnicas de actuación.  En una conferencia de prensa del festival de cine de Nueva York, en septiembre del 2000, un hombre del público hizo un largo elogio en el que señaló, entre otras cosas, que un año atrás había estado en ese mismo sitio Hillary Swank, ganadora del Oscar por su papel en Boys don’t cry. La reacción de Björk, quizá ingenua, quizá afectada, fue preguntar quién era Hillary Swank.
A pesar de ese distanciamiento con el cine, de su condena implícita a su naturaleza comercial, muchos señalan en Björk cierto talento cinematográfico para la construcción de su propia imagen. “She claims she’s not an actress, but she certainly knows how to create a persona”, dice Zeena Parkins, arpista de vanguardia radicado en Nueva York, quien colaboró en la grabación del album Vespertine. “This is a woman who knows how to use a camera” (MacDonnell 17)
Su historia personal no está alejada por completo de ciertos estereotipos frecuentes en el mundo de las estrellas: el origen humilde, el gran esfuerzo para alcanzar la fama. Björk hace alusión constante a su herencia proletaria, al hecho de que antes de ser una estrella de rock trabajó en una fábrica empacadora de pescado, una tienda de antigüedades y una planta embotelladora de Coca Cola. De hecho, parece cumplir a cabalidad con los cuatro contradictorios elementos que el mito del éxito prescribe: “that ordinaryness is the hallmark of the star; that the system rewards talent and ‘specialness’; that luck, ‘breaks’, which may happen to anyone typify the career of the star; that hard work and professionalism are necessary to stardom”. (42)
Su actuación está construida a partir de una imagen de ingenuidad que hace más vulnerables a quienes son objeto de sus ataques. Lars Von Trier y Hollywood pueden dar cuenta de ello. “Björk naive act is classic feminine guile: She knows the power of seeing accommodating to win her way, is happy to be a tabula rasa for sycophants rather than an uppity bitch”, afirma Evelyn McDonnell.
De su participación en Dancer in the dark se desprenden también interesantes reflexiones sobre lo que significa para "su público"la negativa a actuar de nuevo. Si aceptamos la difundida idea de que las estrellas son objetos de goce para sus espectadores[7], resulta mucha más vivo el placer voyeurista del espectador que, además de un personaje está viendo a la estrella ser, por primera y única vez. Allí radica la intensidad de los close ups con que Von Trier invade constantemente la intimidad del personaje-estrella. Resulta también interesante que todo ese goce que el espectador obtiene se centra basicamente en el rostro, las manos y la voz de Selma-Björk, desplazando de algún modo el paradigma de la mujer como cuerpo físico. La ceguera del personaje, en cierto modo remarca el placer voyeurista del espectador:
Tha star seems to be feeling the emotion of the at that point as his or her own emotion. The star is not performing here, so much as 'being'. In other words, what the film performance permits is moments of pure voyeurism for the spectator, the sense of overlooking something which is not designed for the onlooker but passivelly allows itself to be seen. (Ellis 544)
La noticia de que no volverá actuar, las declaraciones posteriores que han matizado esa declaración, se presentan como movimientos en esa tensión donde la estrella se convierte en objeto de deseo. Pero hay mucho más en ese hecho. La formulación de una promesa es una de las afirmaciones más radicales que puede hacer un sujeto. Supone que aquello que el sujeto es, en un momento determinado, controle y domine las fases siguientes de la transformación de ese sujeto. Si la promesa se cumple, Björk proyectará una imagen de integridad y sujeción a sus principios. Si no lo hace —lo que parece más probable— habrá llevado su carácter vital al límite de desobedecer sus propios mandatos, habrá reafirmado de algún modo su propia libertad.

La experiencia cinematográfica de Björk, al menos para ella, parece haber quedado atrás. El año 2001 lo ha ocupado en la producción y el lanzamiento de su álbum Vespertine, así como en la realización de conciertos en lugares tradicionalmente destinados a la música clásica. En las últimas entrevistas concedidas, ha insistido en que la música no debe oírse en los estadios, sino en lugares íntimos como la sala de una casa.  Resulta paradójico que en el momento más alto de su popularidad Björk haga una defensa de lo íntimo, de lo secreto, de lo personal. Como producto del marco cultural al que permanentemente confronta, la cantante islandesa no está libre de contradicciones. Pero en medio de esas contradicciones, en medio de sus manifestaciones exaltadas y extravagantes, ha conseguido hacer algunos de los planteamientos éticos más significativos de artista alguno en los últimos años.
A pesar de su reacción inicial, tras el rodaje de Dancer in the dark, sería un error pensar que su experiencia como actriz fue frustrante y dolorosa. Para alguien que ha construido su persona sobre la aceptación por igual del goce y del dolor, de la vida en general, con los riesgos que implica vivirla con autonomía, las semanas intensas del rodaje no pueden resumirse en una ambigua decisión de no volver a actuar. Por eso, con el tiempo ha matizado la valoración de esa experiencia:
The experience was like a lot, a lot a lot of voltage running through you —sometimes quite painful, but that’s because of the things that this girl went through, they were not very happy. All in all it’s something that you do once in a lifetime, and feel lucky that you could try to feel like this once in your life. (MacDonnell 79)
Cuando asistió a la ceremonia de entrega de los premios Oscar vestida de cisne, Björk era una especie de patito feo nadando en el lago equivocado. Dicen que los cisnes cantan antes de morir. Ese canto de cisne que decía haberlo visto todo, quedará como una de las confrontaciones más sutiles y cargadas de símbolos que se hayan hecho a la industria cinematográfica. La importancia de este gesto en la historia del cine puede ser relativa. Para Hollywood, para su condición de centro donde la ideología se recicla y retroalimenta, el paso de Björk por su principal ceremonia constituye a lo sumo una excentricidad en materia de diseño de modas.  Pero, si llega a cumplir su promesa de no volver a actuar jamás, su saludo y despedida, su actitud contestataria y balbuceante quedará inscrita como un manifiesto artístico difícilmente emulable. Hollywood ha visto y tolerado estrellas con poder suficiente para imponer condiciones. Lo que quizá no había visto, y tal vez nunca más vea, es que la construcción de un personaje exija del artista tal entrega, que le resulte imposible volver a actuar jamás.
Quizá ese gesto no obligue a la industria del cine a plantearse la posibilidad de usar actores para una única película. Pero, si tenemos en cuenta las consideraciones de Dyer, cuando parafrasea a Byron para decir que la autoexpresión (self-expression) es la meta del arte, como lo es de la vida, quizá un personaje como Björk consiga recordarles a algunos entre el público que, en el escenario de la vida, a todos nos llamaron para un solo papel.
Y que es posible disentir con lo que diga el director.




Bibliografía
Allen, Robert. "The Role of the Star in Film History" Film Theory and Criticism. Leo Braudy y Marshall Cohen eds. New York: Oxford U.P. 5a. ed. 1999.
Anders, Marcel. “Lars, who is a complete fanatic, wants his role figures to suffer, especially the female ones and I couldn’t really accept that”, entrevista con Björk.
Björkman, Stig. “Lars von Trier: A little song, a little dance, a little fucking great homevideo”. Bibel. 10-11-99. Traducido del sueco por Lunargirl.
Brästedt, Mats and Robert Börjesson. “The world most charming voice: soon on the big screen”. Express Nöje. 08-21-1999  <http://intimate.org/Björk/ditd/articles/expressen.htm>
Dyer, Richard. Stars. London: British Film Institute. 1998.
Ellis, John. "Stars as a Cinematic Phenomenon." Film Theory and Criticism. Leo Braudy y Marshall Cohen eds. New York: Oxford U.P. 5a. ed. 1999.
Karan, Donna. “Björk. Hometown:Reikjavik. Religion: Music. Imagination: Endless” Interview Vol. XXXI. No. 9.  p 185-95
Mc Donnell, Evelyn. Army of She: Icelandic, Iconoclastic, Irrepressible Björk.  New York: Random House. 2001.
Vincendeau, Ginette. “Catherine Deneuve and French womanhood”. Women and Film: A Sight and Sound Reader. Pam Cook y Philip Dodd eds.  Philadelphia: Temple U.P. 1993.
Von Trier vio la luz. La Nacion. Buenos Aires. 05-18-2000




[1] Para Richard Dyer, autor del libro Stars, “the primary concern to any attention to Hollywood must be with the dominant ideology of western society. Any dominant ideology in any society presents itself as the ideology of that society as a whole". (2).
[2] Entendida como “el conjunto de ideas y representaciones en los cuales la gente colectivamente da sentido al mundo y a la sociedad en la que viven”. (Dyer 2)
[3] La palabra persona es de origen griego y designaba en la antigüedad las máscaras que empleaban los actores en escena. En este caso permite resaltar que la estrella en su vida pública (fuera de las películas) también está en escena, también actuando, personificando la imagen específica que quiere o debe proyectar.  En el caso de Björk, este mismo hecho ha sido puesto en evidencia por la artista: “Basically, we are very different shopping for food, or when we’re with a lover or something, but I would like to say that the target, for me, is to unify. I’ve tried to unify the way I am with my grandmother with the way we are onstage”. (Karan 185).
[4] “As Elizabet Burns point out on her book Theatricality, the analogy between life and drama or theatre has been in use from Plato onwards. However, where in earlier times the analogy derived from a ‘view of life directed by God, Providence or some less anthropomorphic spiritual force’, current usage derives from ‘growing awareness of the way in which people compose their own characters, contribute to situations and design settings’: ‘the commonplace analogy is of the world itself as a place where people, like actors, play parts, in an action which is felt obscurely to be designed by ‘social forces’, or the natural drives of the individual men’ ” (Dyer 20-1)
[5] En forma abreviada, los diez mandamientos de Dogma 95 eran: 1. El rodaje debe hacerse en locaciones preexistentes, sin llevar al sitio utilería o decorados. 2. El sonido no debe producirse separadamente. 3. La cámara debe sostenerse manualmente. 4. La película debe ser a color y sin iluminación especial. 5. Quedan prohibidos los filtros o manipulaciones ópticas. 6. La película no debe contener acciones superficiales. 7. Queda prohibida toda falsificación temporal o geográfica. 8. Las películas de género son inaceptables. 9. El formato de película debe ser 35 mm. 10. El director no debe recibir crédito. El manifiesto incluye una serie de juramentos en los que el director renuncia a su gusto personal y a hacer una obra. 
[7] "It is clear that stars form an aesthetic intertext that audiences uses to derive meaning and pleasure from films" (Allen 548)







viernes, 28 de agosto de 2015

"Estás aprendiendo..."

"Estás aprendiendo...", solía decirme Nereo cuando le mostraba las fotos que le había tomado.

Ahora que algunas de esas fotos circulan por todos lados sin el crédito del fotógrafo, entiendo muy bien la frustración de Nereo cada vez que veía una foto suya reproducida como si se hubiera tomado sola.

Pueden usar cualquiera de estas fotos, pero recuerden que alguien estaba detrás de la cámara y que, como decía Nereo, no es la cámara sino el fotógrafo el que encuentra la foto.


Fotos Gustavo Arango















Juntacadáveres

La columna de Vivir en El Poblado.



Wolfe MacFarlane, un médico eminente, vino al hotel a observar las condiciones de un político que sufrió una apoplejía. Cuando el nombre del médico circuló entre los regulares del bar, un tal Fettes —el más silencioso— saltó con gesto enfurecido y se dispuso a verlo “cara a cara”. El encuen­tro en el vestíbulo fue intrigante. Era evidente que el borracho y el médico tenían un pasado común, y que el primero intentaba enrostrarle al otro su superioridad moral. Mucho después, el narrador —otro cliente del bar— consiguió la versión más plausible de esa historia que concluyó cuando el médico huyó, dejando atrás sus lentes de marco dorado, y se alejó en un coche a toda velocidad.

MacFarlane y Fettes habían coincidido años atrás en Edimburgo, como asistentes del doctor K, director de una escuela privada de medicina. Una escuela de médicos necesita cadáveres para diseccionar. Por ser un pupilo adelantado, Fettes fue puesto a cargo de esas compras. Al principio no pensaba en el asunto. Era joven, de vida desarreglada. No le molestaba levantarse en medio de la noche para recibir los cadáveres. Pagaba lo acordado a los sórdidos proveedores y registraba la transacción en un libro. Con el tiempo, cuando había más demanda, Fettes y su superior MacFarlane iban de noche a los cementerios a buscar muertos recientes.

Todo era más o menos normal, borroso como en una borrachera, hasta el día en que Fette tuvo que pagar por el cuerpo de una chica con quien había estado de fiesta la noche anterior. Los proveedores acallaron sus protestas y exigieron el dinero. MacFarlane le recordó a Fette la confianza que el doctor K depositaba en él y le aseguró que muy pronto dejaría atrás los escrúpulos. Semanas después, MacFarlane y Fette bebían con un hombre de aspecto distinguido y modales vulgares de apellido Gray. Fette notó la actitud dominante con que Gray humillaba y daba órdenes a MacFarlane, pero se olvidó del asunto y se fue a dormir su borrachera. En la madru­gada lo desper­taron unos golpes en la puerta. MacFar­lane llegó con un saco que contenía el cadáver de Gray. Persuadió a Fette para que hiciera la transacción de rigor y anotara la entrada en el cuaderno. Después de cobrar lo acos­tum­brado, le regaló el dinero al atónito aprendiz. Antes de marcharse, MacFarlane le pidió a Fette que reservara la cabeza para Richardson, un alumno que vivía obsesio­nado con esa parte de la anatomía humana.

Fette llegó a vanagloriarse de su insensibilidad. Su ánimo era festivo cuando iban a los cementerios. Hasta cierta ocasión en que desenterraron el cadáver de una anciana. Aquella vez trabajaron en completa oscuridad, pues MacFarlane había roto por accidente la lámpara. Al regresar, el cadáver se movía aparatoso sobre el caballo. Como los aullidos de los perros los inquietaron, deci­dieron encender una cerilla. Antes de correr dando alaridos, alcanzaron a ver bajo la luz el rostro despierto de Gray.

Robert Louis Stevenson (1850-1894) no es solo el autor de una novela de piratas y tesoros escondidos. Él mismo es un tesoro escondido. Para Borges, la suya es la mejor prosa en inglés. Dicen que su Florizel de Bohemia es el mejor personaje de la literatura en esa lengua. Sus descrip­ciones eran como relámpagos. En su estilo no sobran palabras. Sus historias, tan llenas de sangre y de muerte, son una cachetada a quienes se avergüenzan de la vida. Stevenson se extinguió tratando de expresar su ética y sus principios como artista, “el universalismo devorador de su alma”. Cumplió, según Chesterton, con los dos requisitos de un gran hombre: la incomprensión de sus detractores y la de sus admiradores.


Publicado en Vivir en El Poblado el 28 de agosto de 2015.