viernes, 23 de diciembre de 2016

Un cráneo para Hamlet

La columna de Vivir en El Poblado

Tal vez a Bob Dylan le gusta la música de Facundo Cabral. En su actitud frente al Nobel es posible hallar vestigios de los versos: “Doy la cara al enemigo, la espalda al buen comentario; pues el que acepta un halago empieza a ser dominado”. Algún crítico aplicado podría quemarse las neuronas demostrando que “No soy de aquí ni soy de allá” y “Like a Rolling Stone” son, en últimas, la misma canción.
Tal vez Bob Dylan es lector apasionado de las fabulas errantes y remotas de la India, donde los animales del bosque no dejan de advertirnos que el que adula es peligroso y busca algo. No sería raro que aparecieran tratados académicos sobre las influencias del Panchatantra en la actitud y las canciones del juglar americano.

Pero lo más probable es que la actitud de Dylan frente al Nobel la haya aprendido en las calles y recintos donde ha hecho su carrera. La calle es un libro vivo y suele tener más sabiduría que la que llega a los libros. Al fin y al cabo, los libros los escriben los raros del pueblo, mientras la sabiduría popular es una obra colectiva en la que escribe el mundo entero. 





viernes, 9 de diciembre de 2016

Sobre lo sepulcral


La columna de Vivir en El Poblado



¿Quién conoce el destino de sus huesos? ¿Quién tiene el oráculo de sus cenizas? Estas preguntas siguen siendo tan vigentes como cuando las hizo Thomas Browne en Hydriotaphia (1658), su tratado sobre las costumbres funerarias. El motivo fue el hallazgo de unas urnas funerarias de las que resultó imposible establecer su origen. Esos huesos triturados, despojados de nombres y de anécdotas, llevaron a Browne a consignar por escrito todo lo que sabía sobre los rituales y costumbres asociados con la muerte. 












viernes, 25 de noviembre de 2016

Pobre diablo

La columna de Vivir en El Poblado



No es posible prever las consecuencias que tendrá para Colombia y América Latina la elección de un pobre diablo como presidente de los Estados Unidos. Si me piden que intente ser profeta, yo diría que abran campo porque muchos volveremos con el rabo entre las piernas. Tampoco es necesario ser un economista para anticipar la crisis de las remesas que sostienen al borde del abismo a nuestros países. Cada día estará lleno de sorpresas dentro y fuera de este país del sueño que de pronto se ha tornado en un lugar de pesadilla.

Conocidos los resultados de las elecciones, algunos quisieron consolarse con la idea de que la cosa no será tan grave, que el pobre diablo exageraba para ganar votos y que había que darle una oportunidad. Dos semanas después, quedan pocos que piensen de ese modo. La mentira fue su caballo de batalla. El beneficio personal, su motivación. La miseria de su alma será nuestra desgracia.







viernes, 11 de noviembre de 2016

El adiós de Lupita

La sección "Vidas de artistos",
en la revista Virtual Cronopio










Luces, cámara y acción

La columna de Vivir en El Poblado



Esta mañana, cuando caminé al centro de votación, pensé que la gente tenía escrito su voto en el lenguaje corporal. Podría apostar que aquellos hombres con actitud de macho alfa acababan de marcar en las tarjetas el nombre del demagogo que daría rienda suelta a sus prejuicios y les permitiría sentirse los dueños del mundo. También podría jurar que las mujeres con actitud de “dejen esto es nuestras manos” habían votado por la primera mujer en la historia de los Estados Unidos con una opción real de alcanzar la presidencia. Pero la sensación general era que nadie estaba eligiendo a su candidato por sus virtudes, sino tratando de cerrarle el camino a su antagonista.








jueves, 10 de noviembre de 2016

A Search for Meaning

A presentation of "Santa María del Diablo" and "Resplandor", 
at the Community of Scholars.

State University of New York
November 10, 2016.



This is not the first time that I have been part of a broken society.
If you have watched the series “Narcos”, you have heard about a city in Colombia named Medellín.
I was born in Medellín. I lived there in the 80’s and 90’s, when it was one of the most violent cities in the world. The violence I saw was not a TV show, but a painful reality. In that city, at that time, human life lost its value and dignity. Almost not a single week passed without hearing the news about another acquaintance being killed. Then my aunt was killed. Then my father was killed.
When my father died, I was in my junior year in college, and I felt that my life had lost its purpose and meaning. I wanted to die.
That was the moment when literature came to my rescue.
I had been an avid reader since I was twelve years old. My favorite author was Jules Verne, and I knew that the world was much bigger than the broken city where I lived. So I decided to see the world before dying.
It took me some time, but I also decided that I would not allow my heart to be poisoned by hatred and despair.
My reaction to a hopeless world was searching for meaning. That’s why I decided to write.

Over the last couple of years, I have published two historical novels that reflect my own personal quest.
 “Santa María del Diablo” tells the story of the first Spanish settlement in continental America, Santa María del Darién. 
Santa María was located in the jungles between today Colombia and Panamá. The city became the center of a genocide in which nearly two million native Americans were murdered in less than fifteen years.
The town disappeared, after fifteen years, as a consequence of greed and internal conflicts.
I read many books, in order to write “Santa María del Diablo”; but my own personal experience in Medellín was enough to describe a society that destroys itself by forgetting the meaning of life.

Six months ago I published another historical novel, “Resplandor”, that seems to have no connection with “Santa María del Diablo.”
But they are closely related, like heads and tails in a coin.
“Resplandor” spans over a period of twenty-five centuries. It tells the story of Siddharta Gautama, the Buddha. It also tells the story of the Chinese monk, Fa Hsien, who during the fifth century AD traveled to India and Sri Lanka in search of sacred Buddhists texts. Finally, it tells the story of a contemporary traveler who escapes from a broken society and goes to Sri Lanka, with the intention of dying there. In the end, instead of finding death, the traveler experiences a sense of being born again, and finds meaning and purpose in life.
It took me more than thirty years to write “Resplandor”. I had to read many books: The Arabian Nights, The Travels of Marco Polo, the Ramayana, Thomas Merton’s Journals. I had to find my path among different cultures, languages and traditions. I also had to pour my soul in the pages of my book in order to convey the message that we can chose not to embrace greed, hatred or violence.

It is a privilege to be a part of an academic community which values other languages and recognizes creative writing as a scholarly work.
I’m happy to work for a college that appreciates the role of the arts and humanities in healing our society.
We are here to remind us that every research is a search for meaning, and that every search for meaning is a search for the meaning of life.
  
Thank you, president Kleniewski and provost Mackin, for this honor.
Thank you to my colleagues of the School of Arts and Humanities.
Congratulations to the community of scholars for your achievements.





viernes, 28 de octubre de 2016

Una fiesta sin músico

La columna de
Vivir en El Poblado



Es posible que algunos de mis lectores recuerden que hace quince días hubo conmoción mundial porque la Academia Sueca decidió darle el Premio Nobel de Literatura al cantante estadounidense Bob Dylan. Forzando un poco el caletre, es posible que consigan también recordar que a lo sorpresivo del anuncio le siguieron reacciones polarizadas.
Unos no ocultaron su alegría y afirmaron que el reconocimiento para Dylan era un recordatorio de que la poesía es patrimonio de todos y no de unos cuantos elegidos. Se habló de una reivindicación de los orígenes de la literatura en los rapsodas y juglares. Se habló de Homero y de los romances medievales. Expertos engolados afirmaron que tal vez la Academia Sueca estaba expresando su preocupación por la ruina ideológica que padecen los Estados Unidos (como lo demuestra su actual proceso electoral), y que con ese premio le estaban recordando a ese país que su patrimonio incluye una tradición poética en la que brillan nombres como Walt Withman, Carl Sandburg o Vachel Lindsay.