domingo, 29 de junio de 2014

Serendipity, en los Latino Book Awards



 Serendipity: 
A Photographic Journey through Sri Lanka
Un viaje fotográfico por Sri Lanka
Publicado por Ediciones El Pozo

Segundo puesto en la categoría Mejor Libro de Viajes en los International Latino Book Awards 2014.
El anuncio fue hecho en Las Vegas, Nevada, el pasado 28 de junio.



                                                       Serendipity, a la venta en Amazon



viernes, 20 de junio de 2014

El país de los árboles locos

 

 NUNCA VI TANTO silencio.
Después de abandonar aquella fiesta cuando casi amanecía, después de hundirme en forestas donde el sol no llega nunca, después de cruzarme con hombres tan primitivos que parecían no resignarse a dejar de ser simios, después de dejar atrás serpientes y pájaros, llegué a un paraje donde parecía no haber nada.
Si miraba hacia arriba, sólo había una negrura insoportable, un abismo que al mirarlo parecía succionarme. La gama de colores oscilaba entre el negro y el gris más oscuro. Cuando mis ojos se resignaron a la ausencia de luz, pude ver los troncos lisos y alejados, como un montón de postes telegráficos. Había una distancia uniforme entre un tronco y otro, la distancia precisa para que no se tocarán ni aun si se derrumbaban. Aquello parecía los restos de un incendio. Pero el lugar era frío y metálico.
Supe que estaban locos esos árboles porque nunca habían dado nada, porque desconocían la caricia del viento, porque los pájaros nunca llegaron a sus ramas, porque nadie había preparado infusiones con sus hojas, porque nadie había dibujado corazones en sus tallos.
El sitio era tan lúgubre que mis piernas se doblaron.
Sólo entonces noté que el suelo estaba hecho de cadáveres, que había un riachuelo apestoso de aguas estancadas.
Creí oír que el corazón me preguntaba si estaba interesado en que siguiera palpitando.
“¿Seguimos?”, preguntaron los pulmones. “O mejor terminamos esta vaina”.
“Como quieran”, les dije. “Me da igual. Es lo mismo. Yo soy sólo dolor”.
Decidí recostarme a morir. 




jueves, 19 de junio de 2014

Los príncipes de Serendipo (2)



   El 28 de enero de 1754, el escritor inglés Horace Walpole escribió una carta a un amigo radicado en Florencia. Expresaba su alegría por la llegada a Londres del retrato de Bianca Capello,  “la Gran Duquesa de Toscana”.  Hablaba del aprecio del público por la pintura y decía haber descubierto un detalle curioso en el escudo de los Medici. A las condiciones que permitieron ese descubrimiento las llamó “Serendipity”.

Leer el texto completo en Vivir en El Poblado

viernes, 13 de junio de 2014

La brújula del deseo - Cuentos 1986-2014.


A la venta en Universia y en La librería de la U


De la contraportada:

  ¿Narraciones?, ¿relatos?, ¿minificciones?, ¿nouvelles? Las categorías importan poco y la palabra cuento parece capaz de abarcarlo todo. Lo común es la búsqueda expresiva, la modulación de voces, el intento de atrapar con el lenguaje los misterios del amor, la locura y la muerte.

  Más de un cuarto de siglo separa “La venganza del ángel de la guarda” –el primer cuento de esta colección– y “La brújula del deseo” –el cuento que la cierra y le da título. Los casi doscientos textos aquí reunidos –entre ellos “El dolor”, quizá el cuento más breve de la literatura en español– parecen revelar una secreta afinidad: son como  estaciones en el viaje del autor a sus recuerdos, sus ensueños y sus perplejidades.

   Al lado de colecciones ya publicadas –Bajas pasiones (1990), Su última palabra fue silencio (1993) y Unos cuantos tigres azules (2011)– encontramos aquí cuatro nuevas colecciones: Historias del sexto sentido, El dolor (Cuentos desmesuradamente cortos), Juegos de alcoba y La brújula del deseo.

  Algunos de estos cuentos han sido publicados en Alemania, Argentina, Colombia, España, Francia, México y los Estados Unidos. Otros han sido adaptados como obras teatrales. Su autor ha recibido distinciones nacionales e internacionales. 







miércoles, 11 de junio de 2014

Milk


Mi abuelastro fue el primer gringo que conocí. Además de liberada, mi abuela fue pionera. María Carina, digo. Carezco de estadísticas y estudios demográficos, pero casi puedo asegurar que fue una de las primeras de su tronco familiar en casarse con un mono de por allá. Será mejor decir, de por aquí.
Al fin de cuentas la vida me ha traído al país del sueño y todo indica que aquí me piensa dejar.
Hace un poco más de tres semanas volví a pensar en mi abuelastro, Nathan Gobel, después de pasar por el puesto de inmigración en el aeropuerto JFK. Cuando esperaba a que la cinta rotativa me trajera las maletas, vislumbré las dimensiones de mi viaje –“caminante, no hay camino”– y pensé que, si la historia tenía algún comienzo, ese comienzo debía ser la remota primera vez que tuve noticias del país del sueño.
La memoria es imprecisa pero calculo que aquello debió ocurrir cuando tenía unos cinco años. Debió ser por los días en que los astronautas fueron a la luna. No había empezado a ir a la escuela y rara vez salía de la casa de El Palo con Ayacucho donde conocí al mismo tiempo el miedo y la alegría de estar vivo.
En realidad no fue el primer contacto. Ya mi padre había viajado a Nueva York y se había quedado trabajando casi año y medio y concluyó que no quería llevarnos, porque allá –quiero decir, acá– era imposible criar bien a los hijos. Muchas perniciosas influencias.
Ya era habitual que alguien, una tía, las primas, la abuela misma llegara de vez en cuando con lo último en gafas oscuras y pantalones de bota campana, con maletas repletas de chaquetas y regalos. Mi geografía de la época me decía que el mundo lo constituían tres lugares: mi casa, la luna y el país del sueño.
“Milk… milk”, insistía yo en decirle a un ofuscado Nathan Gobel. Acababan de robarle la billetera y nada parecía consolarlo, ni siquiera mi oferta de esa “milk” que tanto le gustaba. Se tomaba dos litros diarios. Estaba tan contrariado que prefirió morirse pronto, en lugar de tener que regresar a visitarnos.


lunes, 9 de junio de 2014

Dejemos hablar a Onetti


  Los veinte años de la muerte de Juan Carlos Onetti llegaron y se fueron sin mucho ruido. El escritor uruguayo no recibió la atención, como de estrella de rock, que en los últimos meses recibieron García Márquez o Cortázar. Nadie recitó de memoria pasajes de sus libros. Nadie va por el mundo con ganas de parecerse a uno de sus personajes. Nadie, ni siquiera, presume de haberlo leído. Salvo el anecdotario sobre su hosquedad a veces dulce, sobre su exilio y su decisión de meterse de por vida en una cama, Onetti permanece en la penumbra. Y es bueno que así sea. 

Leer el texto completo en la sección Vida y cultura, de El Colombiano.

jueves, 5 de junio de 2014

Los príncipes de Serendipo (1) - La columna de Vivir en El Poblado


          En el remoto reino de Serendipo, hace muchísimos años, vivió un rey sabio y magnánimo llamado Giaffer. Tenía tres hijos a quienes quería mucho y, como buen padre, pensaba que debía aprovisionarlos con todas las virtudes que los príncipes necesitan. Mandó a traer los maestros más brillantes de los que hubiera noticia y les pidió que instruyeran a sus hijos en toda clase de artes. Como los chicos eran despiertos y entusiastas, la instrucción duró poco. Salvo lo que el mundo enseña, los chicos lo sabían todo.
Queriendo poner a prueba lo aprendido, Giaffer llamó a su hijo mayor y le ofreció que gobernara aquel noble pueblo descendiente de leones. Dijo que se sentía viejo y cansado, que había decidido retirarse a un monasterio a meditar lo vivido.