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martes, 17 de abril de 2018

domingo, 17 de abril de 2016

Como almas en pena

Un fragmento de Resplandor (Ediciones B)
La novela será presentada en la Feria del Libro de Bogotá,
el sábado 23 de abril a las 4 p.m.
Conversatorio con Esteban Carlos Mejía.
Auditorio Madre Josefa del Castillo.




Es la noche de Año Nuevo. El primer sol no ha salido todavía. Junto a las taquillas de la estación de trenes de Colombo hay una multitud que se apretuja. Hay una urgencia inexplicable en todo el mundo. Todos quieren llegar a su destino. En medio del tumulto está el viajero, levemente angustiado, algo desconcertado. En el lugar de donde viene la gente no se agolpa: todos esperan su turno, pacientes, civilizados.
El edificio principal de la estación es un caserón enorme que poco habrá cambiado en los últimos cien años. Las paredes y los techos no ocultan sus remiendos ni los trazos caprichosos de la humedad en el aire. El viajero vuelve a sentir que la distancia que lo separa de su mundo —de esos mundos que resultaron siendo suyos por elección o por nacimiento— no es sólo geográfica. Hay algo en el ambiente de Sri Lanka que lo hace sentir que cae hasta tiempos remotos, que regresa de un sueño, de una ilusión sin gracia.
El lugar está aún en tinieblas, y el viajero intenta abrirse paso, desatar ese nudo de gente exaltada. Una lámpara del alumbrado de la calle arroja una luz débil que apenas sirve para delinear las sombras. Los cuerpos se juntan y se empujan. Los rostros de ojos negros se hablan y se responden, se escupen sus alientos sazonados.
El viajero se pregunta cómo podrá llegar a la taquilla —donde el tumulto se eleva como una ola, y algunos se alejan triunfales pisando cabezas—, para no perder el tren de las seis de la mañana. El reloj de brazos fosforescentes le dice que el tiempo apremia —lo compró al otro lado de la calle, en el Pettah, la primera vez que visitó Colombo—. Sonrió al recordar el precio irrisorio. También su morral lo compró allí —se lo acomoda en el pecho—. Siente la alegría soberbia de saberse ligero de equipaje. Vuelve la atención a las angustias de ese instante. Muchos vinieron a Colombo a celebrar con sus familias la noche de Año Nuevo. Ahora procuran regresar.
En medio de ese amasijo de brazos y de piernas, el viajero intenta serenarse. Piensa que todo saldrá bien, que en las taquillas venderán los boletos a tiempo para que todos tomen sus trenes. Se dice que el asunto será sólo un contratiempo pasajero, otra anécdota curiosa que podrá contar a su regreso. Si regresa. Si no muere en Sri Lanka. Si no es que ya está muerto. Siente la improbabilidad y la rareza de lo que está viviendo: ese instante perdido en la vida de un hombre perdido en la vida de un mundo perdido en un vasto universo perdido.
Incapaz de moverse a voluntad, decide tener paciencia. Mira los rostros oscuros, los ojos de terror que parecen flotar en aguas fosforescentes. Aprecia la música de ese coro de voces que no entiende. Vuelve a la meditación fugaz de los últimos días. Se repite: “Estoy en Sri Lanka”. Se dice que pronto hará dos semanas que llegó. Hace un breve inventario: Punta Galle y Colombo, Makola y Kelaniya, la montaña de Adán, Gampola con Sunethra, Kandy la incandescente. Sabe que en esos días han pasado más cosas que en el casi medio siglo que lleva en este mundo. Piensa que parece estar escrito, en algún libro allá en el Cielo, que la luz del primer día del año lo encontrara perdido en ese mar de gente, en la estación de trenes, de donde partiría a otro sitio entrañable y aún no visitado: Anuradhapura, la imponente y voluptuosa primera capital, allí donde llegaría, dieciséis siglos tarde, a su cita con Fa Hsien.
Pero antes de llegar a Anuradhapura tenía que llegar a la ventanilla de la estación, y el tiempo transcurría; y en lugar de avanzar, retrocedía. Por un momento, consideró aceptar su derrota: esperar hasta que fuera imposible abordar el tren, buscar zafarse de ese enredijo de gente y regresar en bus a casa de Mala y de Praxíteles, para arrojarse en el sofá de la sala y decir —como la zorra— que, al fin y al cabo, las ganas de visitar Anuradhapura no eran tantas. También Merton se quedó sin visitarla; pero en ese mismo instante era igual de difícil darse por vencido que seguir intentando llegar a esa taquilla, donde se formaba una montaña de hombros y cabezas y brazos que extendían billetes y bocas que les gritaban a los agobiados funcionarios.
El hombre que estaba delante se volvió para hablarle e indicarle con gestos enfáticos que tres amigos suyos que acababan de llegar tenían todo el derecho de incorporarse con él a la fi la. ¿Qué podía decir? No hablaba singalés. Stuti, la única palabra que sabía no había sido necesaria en esa isla hasta cuando llegaron los europeos a adueñarse de todo. Era poco probable que el hombre entendiera alguna cosa de su inglés aparatoso o de su latín mostrenco. De inmediato sintió que lo empujaban. Miró atrás y vio cuatro o cinco rostros enfurecidos que le hablaban con manoteos dificultosos. Temió que ocurriera una tragedia. “Una avalancha de gente como las que ocurren en La Meca”, pensó. Esa muerte no la había considerado. Imaginó su nombre en la lista de las víctimas que darían los noticieros. Imaginó las reacciones de conocidos y parientes al otro lado del mundo. Entonces alzó la mirada al techo manchado de humedad, vio las ruinas polvorientas de una vieja telaraña, y se resignó a que lo arrastrara ese vaivén de almas en pena.




lunes, 11 de abril de 2016

Noticias de Resplandor, la historia de un monje que buscaba un libro.

Una reseña de Esteban Carlos Mejía en Vivir en El Poblado. Abril 22 de 2016.


Leer la reseña en Vivir en El Poblado



Una entrevista de Ángel Castaño Guzmán, en Arcadia.
Abril 11, 2016.


Leer la entrevista en Arcadia.


Una entrevista para la emisora Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, durante la Feria del Libro de Bogotá 2016.



Libro recomendado en El Colombiano.



En la Librería Nacional de Unicentro y Hacienda Santa Bárbara en Bogotá.
Abril 1, 2016.





Abril 1, 2016





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La primera reseña



Leer la reseña de Gustavo Colorado en miblog-acido.


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Marzo 4 de 2016: Ya existe!! Pronto estará en librerías.






jueves, 6 de noviembre de 2014

Santa María del Diablo

Publicada por Ediciones B Colombia, 
Santa María del Diablo salió al mercado el 5 de noviembre de 2014.

La novela cuenta la historia de Santa María de la Antigua del Darién,
la primera ciudad española en Tierra Firme.


Aquí algunos enlaces de interés:








Sobre la novela



Un fragmento de la novela en el suplemento Generación, de El Colombiano.
Noviembre 9 de 2014.


En El Espectador. Domingo 16 de noviembre de 2014.














martes, 28 de octubre de 2014

Santa María del Diablo

Este 5 de noviembre
llega a las librerías



Fundada a finales de 1510, Santa María de la Antigua del Darién fue la primera ciudad española en el continente americano.  Estaba situada en la costa occidental de lo que hoy se conoce como el Golfo de Urabá, llegó a tener una población superior a la de Madrid y fue el primer centro de la colonización en Tierra Firme.

Personajes como Vasco Núñez de Balboa (el descubridor de la Mar del Sur), Pedrarias Dávila (la Cólera de Dios), Gonzalo Fernández de Oviedo (el cronista de la Corona, el Dios de las tijeras y el autor de la primera novela escrita en el Nuevo Mundo), Francisco Pizarro y Diego de Almagro (los conquistadores del Perú), y Bernal Díaz del Castillo (cronista de la expedición de Hernán Cortés), entre otros, protagonizan la historia de este pequeño imperio en la selva que surgió y se esfumó en menos de quince años.

La historia de Santa María de la Antigua desborda los límites de la imaginación y explica en buena parte lo que ha sido Hispanoamérica desde entonces. Aquí están el deslumbramiento de los europeos con el Nuevo Mundo, el desconcierto y la aniquilación de las poblaciones nativas, la exuberancia de la naturaleza, el encuentro de culturas, las enfermedades de los cuerpos y las almas. El cielo y el infierno se juntaron en esta ciudad que fue escenario de convivencia apacible entre españoles e indios, pero también de intrigas, desafueros y grandes crueldades.