viernes, 20 de noviembre de 2015

El rey forastero




El sirio Juan Damasceno –a quien la Virgen le restituyó un brazo que había perdido– cuenta en su Vida de San Josafat que en tiempos antiguos había una ciudad muy grande y populosa cuyos habitantes tenían la costumbre de elegir por rey a un extranjero que no tuviera noticia de ese reino y república. Para tal fin, enviaban a lugares remotos unos emisarios que llevaban consigo la lista de atributos que había de tener el elegido. Cuando encontraban al que buscaban, le hacían esa oferta que nunca se supo que alguno rechazara.

Durante un año los habitantes de aquella ciudad dejaban que su rey forastero obrara libremente. Era frecuente que los recién coronados se comportaran al principio con mesura y quisieran ser ecuánimes. Como estaban convencidos de que reinarían por el resto de sus días, muchos pensaban que ganarían gloria y que su nombre sería recordado por los siglos venideros. Pero era inevitable que con el exceso de poderes y con el paso de los días los reyes empezaran a llenarse de soberbia y de maldad.


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jueves, 5 de noviembre de 2015

El monje y el pajarito

La columna de Vivir en El Poblado


  Cuenta el distinguido y olvidado Eusebio Nieremberg –por quien hasta una flor recibió el nombre– que en cierta ocasión había un monje cantando Maitines con otros religiosos cuando dieron con un salmo que lo dejó intrigado:

 “Que mil años en la presencia de Dios son como el día de ayer, que ya se pasó”.


    Tal vez fue la tisana de papaver, o la falta de sueño, pero lo cierto es que el monje se sintió aterrado al pensar en las implicaciones de ese verso, y comenzó a imaginarse cómo era posible aquello. Olvidado del canto y de los otros, nuestro monje se dio a pensar y pensar en el misterio de ese salmo. Dice Nieremberg que el monje era muy devoto y siervo de Dios, y que tenía la costumbre de quedarse orando un rato más que los otros. Aquel día del salmo, el monje permaneció en el coro cuando todos se marcharon, y le suplicó afectuosamente al Señor que le ayudara a entender las palabras de David. 

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The Land of the Crazy Trees and other stories

“If you want to remember what you’ve lost, and now you’re searching restlessly, praying for the time and strength to make it, then you will have to travel to the land of the crazy trees.”


Includes the stories:
His Last Word Was Silence  
I Confess that I’ve Killed
 The Land of the Crazy Trees