jueves, 5 de noviembre de 2015

El monje y el pajarito

La columna de Vivir en El Poblado


  Cuenta el distinguido y olvidado Eusebio Nieremberg –por quien hasta una flor recibió el nombre– que en cierta ocasión había un monje cantando Maitines con otros religiosos cuando dieron con un salmo que lo dejó intrigado:

 “Que mil años en la presencia de Dios son como el día de ayer, que ya se pasó”.


    Tal vez fue la tisana de papaver, o la falta de sueño, pero lo cierto es que el monje se sintió aterrado al pensar en las implicaciones de ese verso, y comenzó a imaginarse cómo era posible aquello. Olvidado del canto y de los otros, nuestro monje se dio a pensar y pensar en el misterio de ese salmo. Dice Nieremberg que el monje era muy devoto y siervo de Dios, y que tenía la costumbre de quedarse orando un rato más que los otros. Aquel día del salmo, el monje permaneció en el coro cuando todos se marcharon, y le suplicó afectuosamente al Señor que le ayudara a entender las palabras de David. 

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1 comentario:

  1. Siempre será grato recorrer cada mundo magico de las historias de Gustavo Arango, Un abrazo en la distancia amigo.

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