lunes, 14 de marzo de 2016

Un peso pesado (2)

La columna de Vivir en El Poblado


Hace quince días conté la versión que García Márquez había dado de su cuento favorito: la historia del magnate que trabajó toda la vida para hacerse a una fortuna, su plan minucioso para la vejez, el ahogo que sintió al abordar el barco de la “P & O”, y la muerte que dejó truncos sus propósitos. Tardé mucho en cruzarme con el cuento y, como García Márquez sólo mencionó al hombre, me sorprendió que la historia estuviera narrada desde la perspectiva de una mujer.

La protagonista viaja sola y tiene un poco más de cuarenta años. Ha venido bajando por el Pacífico desde el Japón. Ha visto llegar y marcharse pasajeros, ha eludido los coqueteos de un hombre maduro, ha visto los acercamientos entre un médico y una mujer casada. A veces se abstrae en pensamientos que traen a su rostro un gesto de dolor. En uno de los puertos del Pacífico, la viajera ve abordar a un hombre alto, como de sesenta años, de aspecto irrelevante. Lo mira, lo olvida y sólo vuelve a recordarlo cuando lo encuentra en el sector de la cubierta que acostumbra recorrer antes de que amanezca. La cubre una bata ligera, pero la oscuridad disculpa la impropiedad. El hombre y la mujer intentan hablar con naturalidad y se despiden cuando el día empieza a clarear. 







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