jueves, 6 de diciembre de 2012

La extraña fascinación que producen los títulos desmesuradamente largos

La extraña fascinación que producen los títulos desmesuradamente largos
(La columna de Vivir en El Poblado)
                                                                                                                                                                                                                                                David Markson

Por Gustavo Arango

Lo títulos son todo. Bueno, son casi todo. Son seducción y promesa. Son enigma y profecía. Se podría escribir una historia de la literatura a partir de los títulos. Hubo un tiempo en que no eran necesarios o llegaban de manera accidental: Dante escribió una ‘Comedia’ que el tiempo llamó ‘Divina’. Cervantes llamó a su hidalgo “Ingenioso”, pero por siglos los títulos solían ser nombres: Ana Karenina, Jane Eyre, María. Luego vinieron los títulos alegóricos: ‘La tierra baldía’, ‘El corazón de las tinieblas’. Hoy en día predominan los títulos poéticos. La historia debe incluir curiosidades: títulos más largos que el texto (como ‘El dolor’, cuyo texto dice: “!Ay!”), títulos repetidos (‘Twilight’, ‘El origen del mundo’). Capítulo aparte merecen los títulos largos.

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