jueves, 1 de diciembre de 2011

Calila y Dimna

Calila y Dimna

(La columna de Vivir en el Poblado)


Dicen que las historias de ese libro tienen cuatro mil años. Fueron y vinieron entre familias y pueblos; viajaron a lomo de mercaderes, en busca de personas que les sacaran provecho. Algunas se adaptaron donde llegaban: “Un muchacho recibía cada día una ración de mantequilla, miel y pan. El muchacho se comía el pan y guardaba lo demás en un cántaro colgado en la pared. Un día, el muchacho pensó que con la venta de ese pequeño tesoro podría comprar unas cabras. Calculó que, con los años, su riqueza aumentaría. Más tarde construyó una mansión en el paisaje de sus sueños y consiguió desposarse con una mujer hermosa. Pensó que tendría un hijo y que lo educaría con severidad y con cariño: ‘Y si veo que es torpe e ingrato’, dijo levantando un bastón, ‘le daré un golpe así…’ Y al hacerlo golpeó el cántaro y terminó bañado en miel y mantequilla”. En Damasco, la historia habla de un chico que recogía huevos. La versión que llegó a estos parajes habla de una muchacha que llevaba leche al mercado. Mil años antes de Cristo, ya los inquietos fenicios habían traído al Medio Oriente algunos de esos relatos. Esopo no tuvo que esforzarse demasiado para componer sus fábulas; en el siglo 6 antes de Cristo, ya esas historias eran muy viejas.

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