domingo, 28 de abril de 2013

Vida y Milagros de una lengua muerta




Vida y milagros de una lengua muerta
Presencia del Etrusco en el Español y las Lenguas Romances

El nombre de Roma tiene su origen en la lengua etrusca. Este hecho parece sólo un dato atractivo para los cazadores de trivialidades lingüísticas e históricas. Resulta paradójico que una de las ramas más gruesas con que cuenta hoy en día el árbol indoeuropeo, la de las lenguas románicas, deba su nombre a una lengua que no pertenece a la familia, que no parece tener nexos con ninguna otra lengua conocida y que, más de quince siglos después de su muerte oficial, sigue siendo un enigma.
Pero a veces los hechos triviales son la superficie de verdades profundas. En este caso, se trata de la superficie de una verdad que ha sido olvidada con el tiempo, tal vez –como sostienen algunos– de manera intencional: la poderosa influencia de los etruscos en la formación de lo que hoy conocemos como el Imperio Romano. Influencia tan notable que hoy en día permite afirmar –aunque pocos lo hagan, porque es más difícil remover un mito que un imperio–, que Roma y, por extensión, buena parte de lo que hoy conocemos como el mundo occidental, son una invención etrusca.
En este ensayo, me propongo hacer un breve recuento de lo que poco que hasta hoy se conoce de la lengua etrusca, contextualizar las vínculos históricos y lingüísticos entre Etruria y Roma, señalar algunos aportes importantes de la lengua etrusca al Latín y las lenguas románicas y, por último, indicar los rumbos más recientes que ha tomado el estudio de la lengua Etrusca.


Una lengua que habla desde las tumbas

“As a language, Etruscan is in fact isolated” (Bonfante 1990, 13). Esta afirmación, hecha por una de las más importantes etruscólogas de la actualidad, Larissa Bonfante, sintetiza en buena forma la sensación general que produce cualquier intento de acercamiento a la lengua etrusca. El aislamiento del Etrusco se da en varios niveles. Por no pertenecer a la familia Indoeuropea, se encuentra en una posición de marginalidad análoga a la de otras lenguas que hoy perduran, como el vasco, el húngaro o el finés. A esto se suma el largo olvido, de más de mil años, al que fueron sometidos la cultura y la lengua etruscas. El renacer del interés por la Etruscología se produjo apenas en el siglo XX, cuando autores como Massimo Pallotino, considerado el padre de la etruscología moderna, volvieron a señalar la importancia de la influencia etrusca sobre Roma. Pero a pesar de las nuevas evidencias aportadas por la arqueología moderna, a pesar de que los nuevos  hallazgos son tan trascendentales que cambian por completo la imagen que nos ha llegado del Imperio Romano, las viejas verdades arraigadas siguen haciendo carrera y la civilización etrusca sigue siendo soslayada.
Los primeros testimonios escritos que se tienen del Etrusco datan del siglo VII AC, cuando asimilaron el alfabeto de los griegos que ocupaban el sur de la península itálica. Esto nos lleva a otra de las paradojas importantes que presenta el estudio del etrusco: que se trata de un idioma desconocido escrito en un tipo de alfabeto conocido. A través del alfabeto que tomaron prestado de los griegos, y que luego transmitirían al latín, puede saberse de manera bastante fiel las características fonológicas de la lengua, pero se desconocen casi por completo los significados de sus palabras.
Los estudiosos cuentan con unas trece mil inscripciones breves para intentar descifrar el enigma que plantea el etrusco. La mayoría de estas inscripciones han sido halladas en mausoleos y epitafios y, por la naturaleza de estas construcciones, arrojan poca luz sobre la vida cotidiana. A nivel lingüístico, son muy pocos los verbos etruscos conocidos y el desconocimiento de los sustantivos es tan extremo que ni siquiera se tiene un cuadro completo de las palabras con que designaban los diversos tipos de parentescos. La suma de términos etruscos cuyo significado ha podido ser precisado no llega a trescientos.
Los textos Etruscos más largos que se conocen son de carácter religioso (oraciones y ritos) y algunos contratos. Un método de probada eficacia en el estudio de otras lenguas, el de la confrontación de inscripciones bilingües, ha arrojado pocos resultados. Los pocos textos bilingües con que se cuenta (especialmente fenicio-etruscos o latino-etruscos) no son traducciones literales y aportan poco al estudio comparativo. Los métodos etimológicos, basados en parecidos con otras lenguas, no son una herramienta muy confiable para la lingüística moderna y tampoco han arrojado resultados notables. El método que mejores resultados ha brindado es el denominado arqueológico-cultural, donde las inscripciones se consideran en relación estrecha con el lugar y el objeto en que aparecen. Es a través de este método que se han hecho los principales hallazgos y ha podido corroborarse el carácter mágico que los Etruscos conferían a la escritura, lo que reafirma uno de los rasgos más frecuentes con que se caracteriza a los Etruscos en los testimonios latinos y griegos que se tienen de ellos: el de una civilización profundamente preocupada por las dimensiones mágicas y religiosas de la vida y con una obsesión constante por el tema de la inmortalidad.
Muchos de los estudios lingüísticos que se han hecho del etrusco, apuntan a la búsqueda de semejanzas con otras lenguas. Se han querido encontrar relaciones del  etrusco con el iraní, con el azteca y, recientemente, con el ucraniano. Pero muchas de esas tentativas han terminado convertidas en callejones sin salida a los que se ha llegado por vía de la especulación.      La únicas lenguas con las que el etrusco parece tener vínculos reales son el lemniano y el rhaetico. Del primero de ellos se ha tenido noticia por algunas inscripciones encontradas en la isla griega de Lemnos. Pero como de estas lenguas se conserva menos que del etrusco, este vínculo resulta de poca utilidad.
En términos generales, el panorama que ofrece el estudio del etrusco parece desolador. Pero por entre las fisuras del misterio (a la palabra misterio se le atribuye un origen etrusco) han podido vislumbrarse luces lo suficientemente interesantes como para afirmar que el etrusco, una lengua sobre la que hace siglos cayeron los adjetivos ‘muerta’ e ‘indescifrable’, sigue viva en nuestro tiempo a través de legados sutiles pero a la vez sustanciales.



Roma y los Etruscos

Los Etruscos vivieron en la zona central de Italia, en un área rodeada por los ríos Arno y Tíber, entre el año 900 AC. y el siglo I DC. Los romanos los llamaron Tusci o Etrusci. Los griegos los conocían como los Tyrrenes y, según Heródoto, eran descendientes de Lydios llegados a la península itálica aproximadamente en el siglo X AC. (una posibilidad posteriormente descartada). Del nombre que le daban los griegos se deriva el nombre del mar Tyrreno, que fue el escenario de su importante vida comercial durante los siglos VIII y VII AC.  Algunos lingüistas encuentran también en esa denominación el origen del nombre del mar Mediterráneo.
Los etruscos se llamaban a sí mismos Rese, Rasna o Rassena y gracias a su intercambio y competencia comercial con los griegos, los fenicios y los cartagineses, llegaron a desarrollar la primera gran civilización de la península itálica.
“There was never an Etruscan empire; there was, however, an Etruscan people who shared a language, religion, geographical location, customs and costumes which made they recognizably different from other peoples in Italy and the Mediterranean. They also shared a name; and long before the Romans, they almost succeeded in uniting Italy.” (Bonfante 1990, 6)
Es un hecho indiscutido que Roma es una de las ciudades que más influencia etrusca presenta. Durante varios siglos, Roma fue gobernada por reyes etruscos. Etruria fue, durante mucho tiempo, el centro intelectual y cultural de Italia. Aún después de la consolidación de la República (en el siglo VI AC.) seguía siendo casi un deber que los gobernantes de la élite se educaran bajo la tutela de maestros etruscos. A pesar de que no se conserva un sólo libro etrusco (algunos insisten en que se trata de una eliminación intencional y sistemática para no opacar el brillo del Imperio Romano), esa civilización fue, como lo señala Massimo Pallotino, una civilización del libro. Tuvieron drama, poesía, trabajos históricos, pero ninguna de esas obras ha llegado hasta nosotros.
A pesar de que su desaparición como pueblo independiente suele situarse en el siglo I AC, aún en tiempos del emperador Augusto, las familias y tradiciones etruscas sobrevivieron en Roma. Mecenas, gran amigo y respaldo de Augusto era descendiente de una familia noble etrusca. El emperador Claudio (10 AC -54 DC) escribió una historia de los Etruscos, Thyrrenica,  en veinte volúmenes, que no ha llegado hasta nosotros. Su primera esposa, Urgulanilla, era etrusca.
El último testimonio que se tiene de los Etruscos se sitúa en el año 408 DC, cuando Alaric, rey de los godos, intentó destruir Roma y algunos sacerdotes etruscos fueron donde el emperador y se ofrecieron a hacer unos ritos mágicos tradicionales y oraciones y encantamientos para protegerse del enemigo. Pero los conjuros fracasaron, el imperio romano cayó y con él los últimos vestigios de los Etruscos.
El legado etrusco a Roma se aprecia en muchos aspectos. La escritura, la arquitectura, la representación de la figura humana en el arte, la música, la pompa de las procesiones, el calendario lunar, las túnicas, los carruajes y juegos (Bonfante, 47)  Muchos de los conceptos jurídicos del derecho Romano, como el de dominium, vienen del Etrusco. Se afirma incluso que la diferencia entre el latín vulgar y el latín clásico se debe a que la influencia etrusca se manifiesta en este último de manera más directa. Entre los lingüistas suele aceptarse que casi todos los elementos del latín no identificables con la familia indoeuropea vienen del etrusco. Con todo y esto, Etruria sigue siendo una omisión a la hora de hablar de Roma. A nivel lingüístico suele atribuírsele sólo una mínima influencia de sustrato en el latín. Pero los hechos recientes parecen insistir en revelar que Roma, la Roma ostentosa que conocemos, debe más a los etruscos que a los guerreros lacios que la convirtieron en un imperio.
Werner Weller, autor de un estudio que reivindica el papel de los Etruscos en la historia de occidente, señala que en 1963 estudios arqueológicos demostraron que buena parte de la historia romana, que sitúa la fundación de Roma en el año 753, es simple fábula. Esas excavaciones demostraron que no hubo un asentamiento importante en ese siglo ni en el siglo VIII ni en el VII, y que la fecha más probable en que surgió un asentamiento de verdad importante en ese sitio fue el año 625 AC.
“Los tradicionales cuatro primeros reyes de Roma nunca existieron y, si alguna vez existió un Rómulo, sólo fue el líder de un pequeño grupo humano seminómada. La inscripción más antigua que se ha hallado en Roma dice tan solo la palabra UQNUS y es una palabra etrusca” (Keller 119).
Keller se pregunta por qué se ha ocultado tanto la presencia etrusca en la historia de Roma y conjetura que eso se debe a que un reconocimiento como ese “altera el orgullo nacional” (125). Cita hallazgos arqueológicos según los cuales el año 575 (durante el mandato del rey etrusco Tarquinius Priscus, que había llegado a gobernar un poblado de tribus iliteratas) fue decisivo en la historia de Roma. En ese año, viejas y primitivas construcciones fueron derrumbadas para construir una nueva ciudad, con espacios tan importantes como el famoso Foro Romano y, según Keller, sólo en ese momento puede hablarse de Roma como una urbe.
“The creation of the big public square, the Forum, was in effect the birth of the future world metropolis, the future centrum of the Imperium Romanum. With that, and not, as traditionally stated and so long believed, in 753 BC, began the story of Rome. We shall have to relearn our history in the future, and correct all the historical fables. It was not Romulus, but the Etruscan Lucius Tarquinius Priscus who founded Rome.” (Keller 126)
Fue también bajo el reinado de Tarquinus que se planeó e inició la construcción del circo romano, “the most popular entertainment in Rome” (126), el cual tuvo vida activa hasta el siglo V DC, bajo el dominio de Totila en Godo. Al segundo rey etrusco, Servius Tullius, cuyo nombre etrusco era Mastarna, se deben importantes reformas sociales, como la implementación del sistema de impuestos, y bajo su mandato se realizó el primer censo en Roma, que a su vez fue el primer censo del que se tiene noticia en occidente. Tarquinius Superbus, el tercer rey etrusco de Roma, construyó el Capitolio y trajo los primeros libros a Roma, los libros sibilinos (tratados de magia), cuyas últimas copias fueron destruidas en el año 400 DC, bajo instigación de autoridades cristianas.
Con el advenimiento de la República, surge por primera vez en Roma la posibilidad de que los latinos lleguen al poder, y la influencia etrusca empieza a diluirse y confundirse con la propia historia romana. Pero ya para entonces, muchos de los símbolos con que hoy identificamos al imperio romano estaban erigidos.
“The memory of nations is short and they have no room for gratitude. They hate being indebted to others. When Pliny wrote, the rich legacy that Etruria had handed onto Rome was long forgotten, and legends had obscured the fact that it was Etruscans who founded the city and the state, who taught the romans to read and write, and made them acquainted with Greek art. For five centuries before the Romans came in direct contact with Greece during their campaigns in southern Italy, the Etruscans had brought them marvelous vases from Hellas, and with them a knowledge of Greek myths and legends... Their contribution was to transmit an advanced Eastern civilization to the West, to teach the Romans and prepare the way for their empire.” (Keller, 396-37)

La lengua etrusca

Even the proud name of Rome is not native to the soil of the hill settlers. The origin of the name and of that of the supposed founder is now reasonably certain. “Romulus, the legendary first ruler of Rome”, said Lopes Pegna, “never existed. Contrary to what Livy says, ‘the newly built city’ was not ‘called by its founder’s name’; rather, the Etruscan toponym ‘Rumlua’ became the Latin Roma.” (Keller, 120)
Más allá del toponímico que ha seguido extendiendo su influencia, uno de los aportes más importantes de los Etruscos al Latín y, por extensión, a las Lenguas Románicas, fue el alfabeto que ellos a su vez tomaron de los griegos. Con el alfabeto llegaron también términos de los que se derivan las palabras españolas elemento, elemental, alumno o mundo, que tienen su origen en la forma como los etruscos denominaban su propio alfabeto.
Los etruscos han sido caracterizados como una cultura “Mediocéntrica” (Bryer). Según su concepción del tiempo, los días comenzaban al mediodía y terminaban al mediodía siguiente. El día central de cada mes tenía un significado especial para ellos. Se le denominaba itus (lat. Idus) y estaba consagrado al dios Tinia (Jupiter para los romanos). Sus torres y templos tenían como estructura central una columna denominada muni  (de la que se deriva la palabra latina mundus –orden, pulcritud, mundo, universo- y la española mundo), especie de microcosmos desde donde emanaban los demás elementos de la construcción.
   Cuando los Etruscos tomaron prestado el alfabeto griego del que después harían uso el Latín y las lenguas Romances, en lugar de denominar el conjunto por las primeras letras (como abecedario en español –de las letras a, b, c y d- o alfabeto –de las letras alfa y beta-) su propia concepción del universo determinó que consideraran de mayor importancia los componente centrales del alfabeto: las letras L, M y N, de los que surge la forma *ALUMUNTU, que se aprecia en la palabra Etrusca alumnathe (Sociedad sagrada, alumno).
“When *ALUMUNTU came into Latin in the form ELEMENTUM it primarily meant a letter of the alphabet, later it came to designate first principle, the elements, and rudiments. *ALUMUNTU is also a representation of the Etruscan alphabet in condensed form, and with further condensation, that of the Etruscanizing loss of the initial(s) we come upon MUNTU, MUNTH (Lat. MUNDUS), the ultimate microcosm, a paucity of characters that represent the whole alphabet.” (Bryer)
Siempre que se habla de la lengua Etrusca, debe considerarse la profunda significación mágica y religiosa que esa cultura daba a las palabras. Mediante el lenguaje, mediante sus numerosas invocaciones y rituales, los etruscos pretendían tener control del universo, conjurar los peligros, invocar influencias favorables y predecir el futuro. Esa misma connotación mágico-religiosa recaía sobre las letras del alfabeto (el alfabeto etrusco es un elemento decorativo bastante frecuente en sus vasijas y esculturas), a las que se consideraba un sistema perfecto que contenía, entre su primera y su última letra (entre el alpha y el omega de los griegos, y entre el alfa y el infinis '8' etrusco), todo lo que ha existido y todo lo que existirá hasta el fin de los tiempos.
“(The Etruscans) wrote from right to left, like the Phoenicians and other ancient semitic peoples... The alphabet of twenty-six signs displayed in all these objects is called a ‘model’ alphabet. Some of its letters are never used in Etruscan inscriptions. Etruscan has no b, d, or g (voiced stops) and no o, but these signs are included in the alphabet, which faithfully reproduces the Greek model from which the Etruscan derived. Of the four signs for s, only two where regularly used at any time or place.” (Bonfante 1990, 15)
A nivel fonológico, el aporte más notorio del Etrusco al Latín y a casi todas las lenguas europeas fue la introducción del sonifo f.
“The Greek i,  an aspirate, was pronounced as a p followed by the sound of ‘h’: it was not an f sound, as it is today. A new sign represented the sound f, unknown in Greek. In fact we owe the sound f to the Etruscans, who passed it on to the Latins, Oscans, Umbrians and Veneti in Italy, and beyond to Northern Europe.” (Bonfante 1990, 15)
El etrusco sirvió en muchos casos como lengua de transición para vocablos del griego que finalmente enriquecieron el léxico latino. Muchas de las transformaciones sufridas por los vocablos, al pasar de una lengua a otra, se deben a las peculiaridades fonéticas del etrusco. Cuando se leen transcripciones etruscas de nombres griegos, señala Larissa Bonfante, “es importante recordar que los etruscos cambiaban las pausas de sonido g, b y d por los sonidos mudos k, p y t cada vez que aparecen en palabras foráneas” (1990, 17). Un ejemplo de ello se aprecia en la palabra griega thriambos, que al llegar al latín, por vía del etrusco, se transforma en la palabra triumpus o triumphus, de la que a su vez se deriva la palabra española triunfo
Sin duda, a nivel de vocabulario es donde la presencia del etrusco se hace más notoria en el latín y las lenguas romances. El hecho de que los etruscos tuvieran sobre Roma una poderosa influencia se aprecia en la calidad, más que en la cantidad de las palabras aportadas.
“A close study of Latin vocabulary reveals many words which were originally Etruscan, most of them connected with luxurious living and higher culture, including writing. Four words dealing with writing came into Latin by way of the Etruscan language, confirming the Etruscan transmission of the Greek alphabet to the Romans: elementum, whose earlier meaning was ‘letter of the alphabet’, litterae, ‘writing’ (originally derived from the Greek diphthera, ‘skin’, a material on which people wrote); stilus, ‘writing implement’, and cera, ‘wax’ (for wax tablets on which to take notes)” (Bonfante 1990, 12)
No es exagerado afirmar, entonces, que palabras españolas como literatura, letra o estilo, con sus múltiples términos adyacentes (que poseen versiones similares en las demás lenguas romances y en otros idiomas, como el inglés), son pruebas fehacientes del sustancial aporte y de la viva presencia de la lengua etrusca en el mundo occidental.
El hecho de que palabras como estas se hayan impuesto en el léxico latino no es algo accidental. Los etruscos fueron el primer pueblo en alcanzar un elevado nivel de civilización en Europa, su contribución fue decisiva en la consolidación de Roma y su preeminencia intelectual y cultural está demostrada por el hecho de que para los romanos de las clases superiores fue, durante mucho tiempo, casi un deber enviar a sus hijos a estudiar bajo la tutela de maestros Etruscos.
Massimo Pallotino, identificó numerosos términos latinos cuyo origen se encuentran en la lengua Etrusca. Además de palabras cuyo origen etrusco es atestiguado por autores clásicos, como mantisa, lucumo, histrio y atrium (de estas últimas se derivan el adjetivo español histriónico y el sustantivo atrio), se ha comprobado el origen etrusco de palabras como persona (del etr. ierso) y del pronombre mi. Pallotino también señala el origen etrusco de la palabra latina mundus (esp. mundo), “which has no supporting Indo-European root” (205)
En su libro L’Etrusco Lingua Viva, Nermin Vlora Falaschi, explica la etimología del término Etruria (“Lugar de gentes inteligentes”; E= de, truria=cerebro) aporta una lista interesante de términos que pasaron del Etrusco al Latín, algunas provenientes de otras Lenguas. “La parola pelasgo ilirica FE rimane identica in etrusco, come ancora oggi nello spagnolo, e diventa fede in italiano, faith in inglese, foi in francese”. (16)
Según Falaschi, otros términos que forman parte del legado etrusco son ZAR (fortuna), de la que parece muy fácilmente deducible el origen de la palabra española Azar; fama, que tiene en el Etrusco la misma escritura que en español; fat, de la que se deriva la palabra española fado (destino), taberna (que es uno de los ejemplos más comunes cuando se habla del legado etrusco) y muchos términos derivados de la palabra etrusca FLESLA, en la que encuentra el origen de palabras del español como fluctuar, flotar, o flato.
H. T. Bryer, quien recientemente publicó una nueva teoría según la cual el Etrusco sería un criptolecto basado en el Latín, dice haber encontrado nuevos nexos lexicográficos entre el etrusco y el latín, según los cuales el Etrusco sirvió como espacio de transición para que las palabras latinas dieran origen a términos nuevos.
       “It has been assumed that Latin words of obscure origin which deal with religious, technological, civil, or military institutions are likely of Etruscan origin. In the religious area I theorize that (with Etruscan intermediation) Lat. cura (cure, curate) derives from (sa)cra, and Lat. caerimonia (ceremony) derives from *(sa)cramonia which has survived in its nasalized form sanctimonia. The Etruscans were an elite people, when it came to military matters they were the masters, leaders, and officers, they depended on the humiles (lower classes of people) to fill the ranks of common soldiers (miles), thus I believe that Lat. Miles (soldier) and militia (army) are Etruscanized versions of (hu)miles and (hu)militas. Two Latin words used to denote actor, Ludio (actor, gladiator), and histrio (player, actor), earlier istrio, are refered to in ancient Latin glosses as Etruscan words. Ludio I believe is the Etruscanized masculine version of Latin (g)ladiator, cf. Lat ludia.(female gladiator, actress) and ludus (public games). As there may have been a fine line between the histrionics of a performer in the sacred mysteries, and an istrio (actor) in a profane play, all that it took was the  Etruscanizing loss of an initial M to change a *mysterio into an istrio”.



Conclusión

Dieciséis siglos después de que se escucharon sus últimos y fallidos conjuros, el etrusco sigue negándose a revelar la mayor parte de sus secretos. Esta lengua de magos y adivinos, reflejo de una sociedad refinada cuyo modelo –de haberse impuesto– quizá nos ofrecería hoy un panorama diferente de la humanidad, esconde los sentidos profundos de muchas de las palabras que utilizamos, especialmente aquellos que trasegamos en el campo de las ‘letras’ y ‘humanidades’.
La lingüística sigue buscando alternativas para acceder a su misterio. En internet es posible encontrar propuestas nuevas como la de H. T. Bryer, quien sostiene que el Etrusco es un criptolecto basado en el latín y que funciona mediante la alteración del orden de las letras. Esta teoría tiene en contra el hecho de que las inscripciones etruscas que conocemos son previas, en varios siglos, a las inscripciones latinas más antiguas de que tenemos noticia.
John Stojkos, por su parte, sostiene que el Ucraniano actual es un descendiente directo del Etrusco, pero aún no ha desarrollado plenamente su teoría. Lo único cierto es que, a pesar de todo lo que ignoramos sobre los Etruscos, este pueblo extinto de sacerdotes y magos sigue vivo en algunos de sus vocablos y en símbolos y hábitos que forman parte esencial de la identidad del mundo occidental, como los rituales y aditamentos de la iglesia católica o muchas de las ceremonias relacionados con los espectáculos públicos y ceremonias deportivas. 
“No other European people has been as neglected as the Etruscan, and the legacy of no other group has been so systematically destroyed. It is as though posterity had conspired to erase every trace of a nation whose pioneer activity constituted the first major chapter in the history of the West.” (Keller, xiii)
La civilización etrusca ejerció influencia notable en los artistas del Renacimiento que sacaron al mundo del oscurantismo en que se había sumido tras la declinación del Imperio Romano. Fue justamente en el territorio ocupado alguna vez por los etruscos, donde figuras como Dante, Petrarca, Michelangelo, Boccaccio restituyeron a la humanidad el rumbo trazado por las civilizaciones antiguas.
“Historically, one thing is certain. When the Etruscans spread their advanced civilization and culture in Italy, at a time when all else there was still prehistoric, they set in motion the emergence and ascendance of Western Europe. Fifteen hundred years after the decline of that gifted people in the lands they had once inhabited, humanism and Renaissance started another momentous epoch for the West, an epoch in which the gate was flung wide open from the darkness of the Middle Ages into modern times.” (Keller, 413)
Los etruscos se llamaban a sí mismos los Rese o Rasenas. Para el lingüista Nermin Vlora Falaschi, en esa palabra se encuentra el origen de la palabra italiana raggio, la francesa rayon, la inglesa ray y la española rayo. Quizá ésa sea la mejor imagen para definir la presencia etrusca en las lenguas modernas. La idea de irradiación es uno de los conceptos centrales de la cosmología Etrusca.  Dice la leyenda que los arúspices Etruscos (la palabra arúspice también es de origen Etrusco) vaticinaron que su civilización sólo viviría diez siglos. Pero esos mismos sacerdotes de lo desconocido fueron los primeros en introducir en occidente la idea de la inmortalidad. La lengua Etrusca es quizá el mejor ejemplo de la inmortalidad de una lengua muerta, pues sus rayos iluminan muchos siglos después de que sus últimos hablantes se callaron.


Bibliografía
Bonfante, Giulano and Larissa Bonfante. The Etruscan Language. An Introduction. Manchester: Manchester UP, 1983.
Bonfante, Larissa. Etruscan. London: British Museum P, 1990.
- - - , Out of Etruria: Etruscan influence in North and South,. Oxford: B.A.R, 1981.
Britannica.Com Vers. 1999-2000 Encyclopaedia Britannica.  16 April. 2000 http://www.britannica.com/http://www.britannica.com/
Bryer, H.T. The Etruscan Cryptolect: A New Theory of the Origen and Language of the Etruscan. 9 Feb. 2000 http://www.goohio.com//etruscan/default.htm
Fowkes, Robert A.  Rev. of  The Etruscan Language. An Introduction, by Guiuliano and Larissa Bonfante. Word  Agosto 1984: 189-93.
Izzo, Herbert J. Tuscan and Etruscan (The problem of lingüistic substratum influence in central Italy). Toronto: U Toronto P, 1972.
Keller, Werner. The Etruscans. Trans. Alexander and Elizabeth Henderson. New York: Alfred A. Knopf. 1974
Leland, Charles Godfrey. Etruscan Roman Remains. London: T.Fisher Unwin, 1892
Maggini, Leonardo. La Parola Degli Etruschi. Roma: Il Ventaglio, 1987
Pallotino, Massimo. The Etruscans. Trans. J. Cremona. Ed. David Ridgway. Bloomington and London: Indiana UP, 1975.
Salvucci, Clausio R. A Vocabulary of Etruscan. Languages of Classical Antiquity 1. Southampton, Pennsylvannia: Evolution P, 1998.
Stojkos, John. The Etruscan. 9 Feb. 2000 http://home.att.net/~oko/etruscan.html
Vlora Falaschi, Nermin. L’Etrusco Lingua Viva (Etruscan, A Living Language) Roma: Bardi. 1989

1 comentario:

  1. Gustavo
    Thanks for referencing my theory in your very interesting and well written blog. This is a working link to "The Etruscan Cryptolect"
    http://www.oocities.org/hbry/
    H.T. Bryer

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