jueves, 22 de mayo de 2014

El último capítulo





A finales de 1973 la vida de Sherwin Nuland estaba en crisis. Tenía un poco más de cuarenta años. Había logrado emerger de una infancia difícil en el Bronx hasta una posición distinguida como cirujano y profesor de medicina en la Universidad de Yale, pero su vida personal era un desastre. Tenía dos hijos y estaba atrapado en un matrimonio que “sería benévolo llamar malo”. El fin de aquel matrimonio era inevitable y el drama de la separación lo llevó a la depresión. Se aisló, se sentía anómalo. Le costaba salir de la cama y fue incapaz de cumplir con su deber profesional. Se obsesionó con coincidencias y números, hasta que el mundo le pareció intolerable y fue internado en un hospital psiquiátrico. Nuland mencionaba “El alarido”, la pintura de Edvard Munch, para explicar aquel tiempo. “Cada instante era un alarido”.

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