jueves, 11 de septiembre de 2014

Recuerdos de lo no visto



Hay historias que reaparecen con el rostro cambiado pero con la esencia intacta. He conocido tres versiones distintas de la que para nosotros es la historia de la lechera: la chica que caminaba al mercado mientras imaginaba lo que haría con el dinero que obtendría y, por andar distraída, tropezó y rompió el cántaro y perdió toda la leche que llevaba.  De esa historia he encontrado  una versión árabe y otra hindú, con muchachos que se disponen a vender miel o aceite, y cuyos sueños también terminan derramados.

He encontrado dos versiones muy distintas de otra historia cuyo origen puede ser tan antiguo como la humanidad. La primera versión se la escuché a una nativa de estas tierras. Tiene que ver con navegantes de las aguas del Pacífico. Cuentan que, no hace mucho, un grupo de muchachos se propuso rescatar la sabiduría de sus ancestros para navegar. Construyeron una embarcación, según el modelo antiguo, y pidieron al más viejo marinero que les enseñara el arte de navegar con la ayuda de las estrellas y a sortear los peligros del mar. Pero el viejo marinero se negó a ayudarles. 



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