viernes, 19 de agosto de 2016

El vuelo y La caída

La columna de Vivir en El Poblado



Es seguro que a todos nos ha ocurrido. Estamos en un café o en un aeropuerto, descansando o matando el tiempo, cuando alguien se empeña en dirigirnos la palabra. El futuro de la charla depende de nuestro ánimo. Si queremos silencio, el otro no tendrá otra alternativa que alejarse y buscar oídos más atentos. Pero si en nosotros hay disposición, si un gesto revela algún vestigio de interés, las cosas pueden llegar bastante lejos.


He estado entre aviones las últimas semanas y he sido terreno poco fértil para el diálogo. Como está pasando mucho en mis adentros, he preferido cerrar los ojos o leer, limitarme a saludos y despedidas enfáticas y cordiales con mis interlocutores potenciales. Pero incluso escapando me he encontrado con ese tipo de charlas que ocurren entre extraños y que a veces son más abiertas que las charlas entre viejos conocidos.



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