viernes, 11 de noviembre de 2016

Luces, cámara y acción

La columna de Vivir en El Poblado



Esta mañana, cuando caminé al centro de votación, pensé que la gente tenía escrito su voto en el lenguaje corporal. Podría apostar que aquellos hombres con actitud de macho alfa acababan de marcar en las tarjetas el nombre del demagogo que daría rienda suelta a sus prejuicios y les permitiría sentirse los dueños del mundo. También podría jurar que las mujeres con actitud de “dejen esto es nuestras manos” habían votado por la primera mujer en la historia de los Estados Unidos con una opción real de alcanzar la presidencia. Pero la sensación general era que nadie estaba eligiendo a su candidato por sus virtudes, sino tratando de cerrarle el camino a su antagonista.








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