jueves, 16 de agosto de 2012

Una historia de Hesse. La columna de Vivir en El Poblado



Como los pecados hay que confesarlos,  reconozco que fui un lector apasionado de las novelas de Hermann Hesse. Cuando tenía trece o catorce años, alguien a quien no le guardo rencor me sugirió que leyera Demian y la lectura tuvo efectos perdurables. Esa historia de personajes oscuros y pájaros simbólicos se acomodó impunemente en las estructuras de mi ser. La identidad incierta que tenía en aquel tiempo se sintió especial y a gusto encarnando ese relato de secretos destinados a unos pocos elegidos.
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