jueves, 30 de enero de 2014

La gracia de Gracián


“No hay bestia sin tacha, ni hombre sin crimen”, leí anoche antes de dormirme. Consideré por un momento las implicaciones de esa frase, hice un repaso general de mis canalladas, me hundí bajo la gruesa cobija que me acompaña en esta Siberia a la que me condujo el destino– y me conduje– y tardé poco en dormirme.
Mi vida pudo haber transcurrido sin encontrarme con Baltasar Gracián (1601-1658), a quien no he podido dejar de leer desde hace seis meses – cuando me crucé con una traducción al inglés de su obra más accesible, la hojeé y me interesó, me pregunté por qué no me había fijado antes en esa reluciente lucidez y decidí traérmela a casa–, pero sin ese hallazgo habría sido menos vida, y la muerte que me espera, menos muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario