jueves, 3 de julio de 2014

La rosa y sus espinas - La columna de Vivir en El Poblado



Cosas curiosas ocurrieron en Europa alrededor del siglo doce. Hasta entonces, las mujeres eran vistas como un mueble de la casa, su papel se limitaba a procrear y ejercer la servidumbre. El matrimonio era un negocio. El “enamoramiento”, que hoy nos hace suspirar, no había sido inventado.

De repente, algo cambió. Algunos sitúan el origen de ese cambio en un lugar preciso: la región de Provence, al sur de Francia. De allí vienen muchas de las ideas que han marcado el destino del mundo occidental. Al lado de la sirviente y de la bruja -aquella que se negaba a asumir el papel de esposa- empezó a aparecer la mujer inalcanzable, la mujer divinidad. Este nuevo paradigma da origen al culto de la Virgen, determina la inclusión de la Dama en el ajedrez e inspira la leyenda de que el Espíritu Santo se encarnaría en una mujer.


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