viernes, 2 de septiembre de 2016

El corazón está de luto

La columna de Vivir en El Poblado



Pensaba escribir sobre The Recognitions, la novela de William Gaddis que es objeto de culto entre los amantes de la literatura norteamericana. Pensaba recordar que algunos comparan ese denso mamotreto con el Ulises de Joyce, y que Gaddis inspiró a autores como David Markson, Jonathan Franzen o David Foster Wallace. Quería hablar del papel que la cultura hispánica juega en esa catedral literaria que dormita en la penumbra, monumento de una muriente concepción de la literatura: la de la búsqueda vital y personal. Todo eso pensaba hacer hasta que la noticia del cese al fuego llegó acompañada por la noticia de la muerte de Juan Gabriel. Entonces decidí dejarme de gustos de minorías para hablar de lo que importa de verdad.
Entiendo la alarma de quienes no aceptan que la muerte de un cantante pueda opacar uno de los anuncios más importantes de nuestra historia como nación: el del cese al fuego entre bandos que llevan en guerra más de medio siglo. Pero, con todo y lo trascendental del anuncio, y a pesar de la esperanza que tenemos en que las cosas mejoren, se trata de un compromiso en el papel, de un inventario de buenas intenciones que tendrá que traducirse en hechos de seres humanos –de frágiles, falibles, bienintencionados, pero también mezquinos y en ocasiones perversos seres humanos. Lo de Juan Gabriel, en cambio, es un hecho cumplido: la influencia purificadora, doliente y compasiva de un solo individuo en las vidas de millones de personas.





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