domingo, 27 de octubre de 2013

Una lápida en blanco



Xavier Cocacolo era un hombre de pocas palabras. Tenía tan pocas que casi ni hablaba. De hecho, no hay nadie que pueda decir que lo hubiera escuchado. Ni a solas hablaba. Casi ni pensaba. Cuando era un bebé no lloraba. Nunca pudo hacer la primera comunión porque no confesó nada. Tampoco llegó a casarse, porque decir “Sí” habría  sido necesario. Cuando se murió o –mejor– lo mataron, todos decidimos que hacerle una lápida en blanco era un justo homenaje.

Incluido en El tamaño sí importa: cuentos desmesuradamente cortos.

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