miércoles, 1 de junio de 2016

El monstruo que gritó amor en el corazón del mundo

La columna de Vivir en El Poblado



Después de una discusión insignificante con el exterminador que venía cada mes a fumigar los alrededores de su casa, William Sterog aprovechó un descuido del hombre y robó de su camión una caneca de pesticida. Al día siguiente, muy temprano, siguió la ruta del lechero y se dedicó a agregar cucharadas de veneno en las botellas de su vecindario en Baltimore. Seis horas más tarde, doscientas personas –hombres, mujeres y niños– habían muerto después de sufrir agonías convulsivas. 







No hay comentarios:

Publicar un comentario