jueves, 13 de marzo de 2014

Nuestras vidas son los ríos



Hace diecisiete años tuve una experiencia memorable: durante tres días participé en un taller de narración periodística dictado por Gabriel García Márquez en Barranquilla. He atesorado gestos y palabras de esos días. He escrito con detalle sobre lo ocurrido en el taller. Sigo pensando que ese pedazo de semana tiene un lugar de privilegio en la galería de mi vida.

El último día del taller, el sábado 20 de diciembre de 1997, el grupo estaba eufórico y ojeroso. La noche anterior, whisky en mano, el maestro nos había enseñado a divertirnos. Ahora nos daba la lección de atender puntuales con las obligaciones de nuestro hermoso oficio.  Recuerdo que tuve que levantarme a la mesita del café y que la distancia me ayudó a ser más consciente de ese instante. Todos lo escuchaban con reverencia. Hablaba de su amor por la poesía. Cuando volví a sentarme empezaba a recitar chicanero las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, aquellas que insisten en recordarnos que “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”.

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