viernes, 23 de noviembre de 2018

Una rosa para Mercury


Del baúl, un texto publicado en El Universal de Cartagena
 el martes 26 de noviembre de 1991
 
Más allá de homo, hetero o bisexualidades y enfermedades del siglo, más allá de si el sida es algo que nos incumbe, la muerte es una sola y la vida personal de alguien no debe ser el criterio para medir la trascendencia de sus actos.
Freddy Mercury, el “astro del rock”, fallecido el pasado domingo, ha sido, es y (si el mundo es justo, si los hombres no arrojamos sobre él, como lo hemos hecho sobre muchos, el indiferente olvido) será considerado el artista con una de las voces más perfectas de la música moderna, una de las manifestaciones más intensas de ese sutil instrumento llamado la voz humana.

Queen, rock para pensar
Hablar de Freddy Mercury es hablar del grupo Queen, y hablar del grupo Queen es hablar de un rock lejano al facilismo.
Si bien el grupo tuvo momentos en que hacía concesiones al gusto fácil y lo comercial, la totalidad de su discografía presenta una obra sólida, pensada, con alcances literarios que remiten a la tradición poética inglesa, rica en símbolos, plena de significados.
No es gratuito que la orquesta sinfónica de Londres haya hecho arreglos de temas musicales de ese grupo. Más allá de sus contenidos, hay entre ellos verdaderas obras maestras.
Al escuchar canciones como “Rapsodia Bohemia”, con sus coros infinitos, "La“canción del profeta”, esa mezcla de furia y suavidad, o “Black Queen”, se tiene la sensación de que se está ante obras musicales que vencerán el tiempo y el olvido, que dejarán de ser patrimonio de unas pocas generaciones para ser patrimonio, reflejo, expresión de una forma de ser profundamente humana.
Detrás de todo eso estaban John Deacon, Roger Taylor, Bryan May, un guitarrista que merece capítulo aparte, y Mercury, pianista y cantante, alma de Queen, aliento vital de su música.

El último aliento
Decía Cortázar que morimos con la muerte de cada amigo. Con la muerte de Mercury, que es también la muerte de Queen, miles de personas en el mundo sienten que ha muerto una parte de ellos.
Ahora todo es pasado y riesgo de olvido, Ahora cada disco se vuelve valioso recuerdo. Ahora no es lo mismo escuchar el último disco de Queen, esas palabras en “Innuendo” que, por entre el desencanto por una humanidad agresiva y desbocada, dicen: “Seguiremos intentándolo”.
Hay muchas cosas que ya nunca más sucederán. Sin saberlo, diariamente nos estamos despidiendo de algo o de alguien que no veremos nunca más. “Bijou”, tal vez la última gran  obra maestra de Queen, ahora es solo lo que queda en las grabaciones. Ya nunca más se encontrarán la voz de Mercury y la guitarra de Bryan May, el mundo no volverá a ser testigo de tan afortunado encuentro.
Para muchos quedará cancelado de por vida el sueño de asistir a un concierto de Queen con Freddy Mercury, muchos tendremos que contentarnos con sacar los discos, desempolvar algunos que teníamos ingratamente olvidados y escucharlos y pensar y suspirar y dejar imaginariamente una rosa sobre la tumba de Mercury, mientras le decimos con una voz gangosa y torpe, con más dolor por nosotros que por él: “Show must go on”, el show debe continuar, esa terrible sentencia del coro que se pierde en el silencio, al final de la última canción del último lado del último disco de Queen.




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