jueves, 26 de febrero de 2015

Una joya bogotana

La columna de Vivir en El Poblado




La literatura de los bogotanos no siempre ha sido mala. A pesar de los muchos lastres que la han aquejado (el sambenito de ser “la” literatura nacional, el montón de provincianos que compran o mendigan aprobación y la tendencia a inflar sus libros con premios y reseñas, como si fueran pollos de supermercado), aquel pueblo crecido y desoxigenado del altiplano ha tenido destellos de buena literatura.




El fin de semana pasado me atrincheré entre cobijas para combatir un frío criminal y volví, por fin, a abrir las páginas de uno de los primeros libros que leí, una joya a la que le tenía puesto el ojo desde hace cuarenta años. Recordaba muy poco y, sin embargo, sabía que algún día volvería. He cargado a través de mis múltiples mudanzas el sencillo y eficaz bolsilibro, la portada donde una femme fatale de pelo negro y  espalda desnuda se mueve entre sábanas de seda para volverse a mirar por el rabillo, con ojos de misterios seductores. 


Leer el texto completo en Vivir en El Poblado




No hay comentarios:

Publicar un comentario