miércoles, 21 de agosto de 2013

La teoría del juego

Segunda edición
Español-Inglés.


La teoría del juego es parte de un tesoro de manuscritos hallados en un Mercado de las pulgas cerca de Cooperstown, New York, en noviembre de 2007. Este ensayo, escrito en 1895 por Marilla Waite Freeman, es un viaje literario de millones de años desde el origen de la vida hasta el surgimiento de la poesía, “la expresión más libre y elevada de la vida”.

Marilla Waite Freeman nació en Honeoye Falls (New York), el 21 de febrero de 1870, que murió en White Plains (New York), el 29 de octubre de 1961, y que esos más de noventa años fueron vividos con una intensidad y una sed de entendimiento que rara vez pueden hallarse.

Después de recibir su grado en literatura de la Universidad de Chicago, en 1897, Marilla fue, tres años más tarde, una de las primeras mujeres en los Estados Unidos en recibir el título de bibliotecaria profesional. Ése, el de bibliotecaria, fue el oficio de casi toda su vida. Aunque llegó a ser también una de las primeras mujeres abogadas del país (obtuvo su título en 1921, cuando tenía cincuenta años), nunca ejerció esa profesión. Lo suyo eran los libros, tratar de enriquecer la vida de la gente con la ayuda de los libros.

La labor de Marilla como  bibliotecaria se prolongó por más de sesenta años. Fue una persona siempre en movimiento. Trabajó en numerosas bibliotecas públicas del país: Michigan City (Indiana), Davenport (Iowa), Newark (New Jersey), Louisville (Kentucky), y en el Goodwyn Institute (Memphis, Tennessee). Entre 1922 y 1940 fue la directora de la Biblioteca Pública de Cleveland (Ohio), que en aquel tiempo era la segunda biblioteca pública más grande de los Estados Unidos. Su asombrosa hoja de vida incluye también el cargo de asistente en la biblioteca de Leyes de la Universidad de Harvard, y labores como voluntaria en la base militar de Camp Dix, durante la Primera Guerra Mundial, y en el Hospital de Saint Joseph, en Nueva York, después de su jubilación, en 1940. En todos los lugares donde estuvo, Marilla dejó siempre las huellas de su espíritu libre y entusiasta, la impronta de su personalidad “incendiaria”, como la definió uno de sus amigos.
Marilla Waite Freeman siempre estuvo preocupada por convertir las bibliotecas donde trabajó en centros vivos de sus comunidades. 

Desde finales del siglo XIX, hasta la mitad de los años cincuenta, Marilla produjo una obra admirable que aún se encuentra dispersa en archivos de revistas. Ningún tema parecía ajeno a su interés. Aunque siempre solía escribir sobre bibliotecas (habló de las relaciones de las bibliotecas con las escuelas, el cine, la censura, los hospitales, la guerra y hasta sobre la importancia de las apariencias), la suma de sus ensayos parece, más bien, un manual para la vida. Hay en sus escritos una perspectiva humana y unas dimensiones éticas que no sólo garantizan su vigencia permanente, sino que los hacen cada vez más necesarios.

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