viernes, 27 de marzo de 2015

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La columna de Vivir en El Poblado.

    Lo evidente permanece inadvertido. Pasamos nuestros días activando mecanismos, manipulando botones y mirando pantallas con gestos fascinados, pero todo eso lo hacemos con el piloto automático.

   Pensemos en las manos, esas partes del cuerpo que parecen tener vida e inteligencia propias. ¿Cuántas veces nos hacemos conscientes de todo lo que hacen, de sus destrezas y sus danzas, de su obediencia de soldados y de su vehemencia de tiranos?  Tras millones de años de privilegiada diferencia, nuestros dedos pulgares se han visto obligados a hacer piruetas nuevas, a doblarse aparatosos para escribir en teclados, a bailar con el índice para cambiar el tamaño de una imagen.


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