jueves, 4 de junio de 2015

Los bajos fondos

La columna de Vivir en El Poblado

Pocos piensan que allí pueda vivir gente. Estamos en el fondo de un hueco sombrío y, al comienzo de la historia, la mirada se eleva en busca de luz. Contra una de las paredes de aquel hueco hay una casa. El techo enclenque hace pensar que es un lugar abandonado.   Un par de chicos que pasan por allí piensan que aquello es un basural y arrojan residuos de verduras.  Luego vemos el interior de la casa.
Es invierno y el viento silba y se cuela por las ventanas rotas. Adentró hay una multitud aletargada. Todos habitan en el mismo espacio.  Una pareja que vende dulces y se dispone a salir a trabajar. Un hombre que se obstina en limpiar la herrumbre de un caldero. Una mujer que tose y se aferra ya sin fuerzas a la vida. Un viejo actor hundido en la ebriedad. Una prostituta soñadora. Un samurái decadente y sin espada. Un tahúr lleno de rabia y de cinismo. Suciedad y miseria. Frío y desolación.

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