jueves, 18 de junio de 2015

Ventura y sus desventuras

La columna de Vivir en El Poblado



La literatura de verdad rara vez aparece en las editoriales comerciales.  Allí abundan las campanas pavlovianas, arrastrando multitudes que no quieren que las tomen por incultas. Se dirá: “Mire a Pablo Montoya”. Se responderá: “A Montoya decidieron acogerlo cuando resultó imposible ningunearlo”. Lo cierto es que la literatura y el negocio raras veces congenian. 
Si uno quisiera encontrar literatura –antes de que  el tiempo dé su veredicto– tendría que buscar lejos del mundanal ruido: en las editoriales independientes o universitarias. Pero además de buenos libros se requieren lectores con criterio. De manera que la búsqueda parece la historia de dos agujas tratando de encontrarse en un pajar. No es de extrañar que, cuando se encuentran, las agujas se dediquen a apreciar mutuamente sus méritos. Por eso escribo hoy sobre un autor que hace poco celebró uno de mis libros. 



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