viernes, 8 de noviembre de 2013

Volar



El muchacho que reparte el correo le dejó un sobre blanco en su escritorio. Él lo miró sorprendido. No decía nada por fuera. Extrajo una hoja que desdobló, leyó, volvió a doblar y volvió a desdoblar y volvió a leer.
Luego alzó la mirada, buscó nuestros ojos y dijo:
—Estoy despedido.
Sonrió. Rió. Volvió a decir: "Estoy despedido", y azorado y alegre pasó por los escritorios mostrándonos la carta.
Se veía contento cuando dijo "soy libre" y salió por la ventana.



De Historias del sexto sentido. 

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